Lo mejor de esta semana





Parasito ahora en esta sección para poder hablar de cierto videojuego con dieciséis añazos –uno menos, uno más- que se convirtió en un indispensable para mi playstation gris-ladrillo, que absorbería mi tiempo y mis neuronas por el bien de mis ejércitos. Me refiero al juego de estrategia bélico Command & Conquer: Red Alert.

Desarrolla: Westwood Studios
Distribuye: Virgin Interactive
Género: Estrategia.
Plataforma: PC, Playstation, PSP
Idioma: textos y voces en inglés.
Jugadores: un jugador y multijugador.

La cajita escondía dos discos divididos en las dos potencias de la historia que nos quiere presentar: Aliados (compuestos por toda Europa) y Soviéticos. Comenzar uno u otro sólo cambiaba a lado de quién estarías y las misiones en el modo historia serían totalmente distintos, con lo que tenías un dos por uno que era de agradecer.

Pero vayamos al grano: a la historia. Nuestro archiconocido Einstein –interpretado por un actor que lo mismo podía ser Einstein como “George Wells” en El tiempo en sus manos- crea la cronoesfera que le permite viajar en el tiempo y el espacio, y decide hacerle una visita a Hitler justo cuando sale de prisión tras el fallido Putsch de Münich para hacerlo desaparecer de la faz del universo y de la historia. La II Guerra Mundial es evitada. Pero es evidente que este Einstein se distraía tanto con la visita de los “ETes” como para no pensar que evitar tal guerra no va a impedir otra mucha mayor. Los Soviéticos se han convertido en la potencia militar mas avanzada y su primer paso es dominar Europa. Ésta tiene que aliarse con rapidez y realizar un contraataque para evitar tal hecho. La nueva II Guerra Mundial ha comenzado, y nosotros somos quienes guiamos -desde nuestro sillón, a través de un mando, comiendo cheetos y con una lata de cola- las unidades de combate, donde tener una buena estrategia será fundamental.





Hasta ahí todo correcto, alabando desde ya una música pegadiza, acorde con lo que se muestra y que no se hace cansina, es más, hace que te crees ambiente. Como he dicho el modo historia será distinto decidamos ser aliados –escogiendo el disco con tal símbolo- o soviéticos –ídem-, pero en lo fundamental es lo mismo: realizar una serie de misiones donde utilizar el coco es vital y poder explotar al máximo cada recurso existente y cada unidad que esté habilitada. Pero si me interesa hablar de algo no es del apartado historia, que personalmente me atraía lo justo si quería una dificultad. De lo que quiero hablar es del modo campaña y de camino explayarme ahí con el juego en sí. Porque sí amigos míos, es el modo campaña lo que provocaba que tus padres tiraran la puerta de tu habitación abajo gritando como alguien de la DEA “¡SACA Y TIRA LA PUTA DROGA!” mientras uno le daba al “pause”, con ojeras, dedos superdesarrollados y ojos inyectados en sangre preguntando “¿decís?”.





Una vez entrabas al menú campaña uno elegía quién querías ser entre todas las posibilidades dadas, que en realidad eran un mojón porque al final todo se reducía en soviéticos/aliados… y la decisión más difícil: elegir color, donde podías tirarte siglos. El resto de comandos que te dejaban regular dependería del grado de dificultad que quisieras. Cantidad de dinero con la que empezar, número de unidades, mapeado, si el oro se regeneraba o no… y lo mejor de todo estaba en el menú principal con dos superopciones. La primera respecto a dificultad: fácil, normal, difícil. La segunda respecto a velocidad: normal, rápido. Dicho quede que ponerlo en difícil y rápido significaba que tú ya eras un Dios consagrado en el juego, siendo una delicia de enemigos cabrones a velocidad que ni el puñetero Flash.





Una vez decidido todo: prepárate para la batalla. En este punto no se difería en mucho a cualquier juego de estrategia, yo me tenía algo visto Age of Empire con anterioridad, pero en cierta medida era incluso más fácil. Lo primordial era que: 1. no se cargaran tu base de operaciones, si la destruían debías hacerte con una del enemigo para seguir construyendo. 2. recolectar oro y diamantes a mansalva. Los camiones y sus camioneros pegando tiros y corriendo perdiendo el culo molaban, pero si te quedabas sin oro adiós a tener más unidades y nuevos edificios. 3. siempre había que tener energía o tus tropas se quedaban sin ver las Olimpiadas y estarías indefenso ante el enemigo –pues se tirarían horas dedicadas al onanismo por folletos compartidos en letrinas-. Si eso lo tenías controlado, habiendo oro el resto era cantado. Todo dependía de cuánto plomo te hiciera comer el enemigo, cruzando los dedos para que no decidieran atacarte con todo su grueso, mientras entre ellos se mandaban algún perrito que solía acabar hecho tortilla y alimento para los indígenas invisibles del lugar. Para esto último el tema principal musical solía ser un aviso en el 80% de los casos de que iban a por ti con TODO.





Y ahora llega el punto negativo. Command & Conquer: Red Alert fue diseñado a priori para el formato de PC, lo que provocaba que un control de mandos tan sencillo con teclado y ratón se volviera en todo un estudio milimétrico donde sólo los que conseguían la licenciatura de tal acabarían por descubrir el secreto de la amalgama de combinaciones de botones para exprimir a tope todas las posibilidades que te otorgaba el juego tanto en campaña como en modo historia. Y es que sin eso uno podría pasarse una campaña media… pero con una complicada era mejor tener claro como hacer bombardeos forestales rápidos si tenías falta de espacio para tu campamento, hacer que una veintena de tanques protegieran al único camión de minería que te quedaba, entre muchas otras más opciones en las que no me entretengo. Por suerte, cuando lo pillas es como montar en bici. Otro punto negativo era el modo dos jugadores de la PSGris-ladrillo, que tenías que tener dos consolas unidas por un cordón "umbilical" link y por tanto dos televisores... a ver cómo narices te ibas con tu tele a casa del amigo si no era vecino de la misma planta de tu bloque, y sin recibir una buena zurra por coger la tele del salón donde tu madre veía -ve y seguirá viendo- el culebrón de la tarde.

Las unidades de combate, así como los edificios, dependían su diferencia entre si eras aliado o soviético. Los primeros solían tener unidades de combates más normales pero bastante más baratos, pudiendo mandar un satélite al espacio que te descubra todo el mapa sin necesidad de espías y –lo mejor de todo- unos acorazados marítimos que bien usados podían darte la victoria de seguro. De los segundos, sus unidades eran más resistentes y potentes, por ende más caros, podías defender tu fuerte con torreones eléctricos que dejaban frito a cualquier enemigo y lanzallamas que los braseaban en su punto, así como un sistema de aviación mucho más avanzado. Ambos, por igual, podían usar bombas nucleares y otros artilugios que no recuerdo muy bien para qué servían pero tampoco te iban a dar una victoria aplastante. Dicho esto, no dejo ninguna duda que dependiendo el terreno era mejor usar uno y otro, siendo un pequeño reto usar aquellos que tienen menos posibilidades.



El objetivo final en las campañas era cargarse a todo enemigo viviente… algo jodido cuando un camionero huía de ti y en el puñetero mapa no se veía con claridad el miserable punto del color del enemigo pasándote milenios buscándolo, desplegando unidades a cada rincón, tirando misiles nucleares y disparando a diestro y siniestro. Acabado, tu satisfacción podía ir en aumento sabiendo cuántas unidades y edificios enemigos habías acabado haciendo puré, cuántas de las tuyas habían caído, el tiempo que habías tardado… y posiblemente esto fuera lo mejor, porque si durabas media hora repetías porque no estabas satisfecho. Pero como echaras 7 horas en una campaña, acababas riéndote ante la pantalla del televisor preguntándole a tu PSGris-ladrillo: ¿Quién es el puto AMO? ¡¿EH?! ¡¿QUIÉN?!.

Finalizando, que me alargo, Red Alert de Westwood Studios es un juego de estrategia muy entretenido a pesar de su simpleza y que hoy día lo podéis disfrutar totalmente gratis buscando por la red porque así lo han querido sus creadores desde 2008. Así que no tenéis excusa para no probarlo, y de seguro que puede que os guste a los principiantes en los juegos de estrategia. Si sois consolidados a ellos, tal vez Red Alert no os llene del todo, pero seguro que pasáis algún momento bueno como yo cuando vuelvo a jugarlo. Y ahora sí, continúo con mi guerra: ¡MORID! ¡BASTARDOS! (psium-psium; taaaatatatatata… BOOOM).




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