Lo mejor de esta semana

(Tocata y fuga en Re menor de Johan Sebastian Bach, por favor). Dita Delapluma, como es costumbre en ella, está leyendo, pero al notar una presencia a su espalda, sonríe ligeramente y deja a un lado el libro (“Cómo lo hice; por Victor Frankenstein”), mientras acaricia al pequeño Dany, su redactor adjunto, que está sobre su regazo.

Buenas noches, mis queridos cinéfilos. Con la acidez de pluma que me caracteriza y el sentido del humor que me define en mis escritos, inauguramos ésta modesta sección en el blog de Koukyou Zen para todos aquéllos que deseen acercarse un poco más al mundo del cine. Tomad asiento, que nos espera una temporada de “Cine que sólo se ve en verano”, o sea, una recopilación de grandes joyas del Séptimo Arte, tan grandes que sólo unos pocos elegidos sabemos de ellas, y por eso voy a compartirlas, tanto si os gusta como si no. Empezamos nuestra andadura con Desaparecido en combate, de Chuck Norris. No me gustan los comienzos flojos.


La cinta data del año 1984. En España veíamos al gato Isidoro y a Daniel el Travieso, La bola de cristal y eso de la corrupción, era algo que se aplicaba sólo al pescado pasado. Era raro el hogar español que no tenía un magnetoscopio (llamado “vídeo” por los iletrados...), y en todos los barrios había al menos dos o tres locales llamados “videoclubs” donde se alquilaban joyas como la que nos ocupa. Y mientras nosotros estrenábamos democracia, o eso nos creíamos, en los Estados Juntitos hacía nada que habían salido de uno de los conflictos bélicos más humillantes (para ellos) de toda la historia: la guerra de Vietnam.

Era un secreto a voces que más de cuatro soldados habían perdido el avión de vuelta, y nadie sabía si estaban vivos o muertos, de modo que se les llamaba simplemente “desaparecidos” (MIA; missing in action). Y uno de esos mismos desaparecidos fue el Coronel Braddok, por mejor nombre, Chuck Norris, que estuvo diez años en un campo de prisioneros y luego se fugó como el que lava. ¿Que cómo se retiene a un tío como Braddok nada menos que diez añitos, cuando luego coge y se fuga en media hora? Pues reteniendo también a sus hombres, que resulta que Braddok es muy educado y no se quiere fugar solo, aunque luego se fugue solo igual, y le reconcoma la conciencia... ¿pero no era que no se quería fugar solo...? ¡No me miréis a mí, no soy el guionista, yo sólo hago la crítica...!

Bien, Braddok está en su casita de los Estados Juntitos oyendo las noticias, donde hablan de él (todo el mundo sabe que en todas las películas, las noticias siempre hablan de uno), y dicen que le han ofrecido muchas veces ir a rescatar a otros soldados, venga, qué te cuesta, si te los traes en una carrerita... pero el tío que no y que no, que el clima es un asco, que hay muchos mosquitos y la comida es una kk. El caso es que está viendo un episodio de Spiderman y no le debía gustar el guión, porque le pega un patadón a la tele que la destroza, ya ves tú qué culpa tendrá el electrodoméstico. Y coge el teléfono y dice que venga, que va al rescate. Si es que en el fondo, es un buenazo.




Llegan a Ho-Chi-mín, el lugar antes conocido como Saigón (...den gracias a que entonces no se estilaba, que si no se llamaría Vodafone Saigón, que encima rima y todo...), nuestro Chuck acompaña a un diplomático hombre y una mujer, que van de traje, mientras que él lleva sus barbazas, sus gafas de sol, sus vaqueros y su cazadora al hombro, porque eso de la etiqueta no es para alguien que juega a los Tazos con pesas de gimnasio. El caso es que un diplomático vietnamita les da la bienvenida, y Chuck no le estrecha la mano, faltaría más. ¿Por qué? Porque se ha dado cuenta de que es uno de los malos, si es que no hay más que mirarlo, le ves esa sonrisa más falsa que un euro de madera, y dices “éste es malo, está clarísimo”.

Los diplomáticos no lo ven tan claro y le reprochan a Chuck que sea tan sincero, pero al coronel le importa tresco todo, y dice que o hace las cosas a su manera o no las hace. Vamos, el clásico “¿quién se ha inventao el juego...?” de toda la vida.

En fin, llegan a una conferencia y le acusan a ÉL, a nuestro Chuck, de crímenes de guerra, y traen a unos cuantos campesinos como testigos. No sabemos qué habrá pasado, pero el coronel hace una prueba de miradas contra los campesinos y no sólo no se la aguanta ni uno (ya sabemos que si Chuck te mira a los ojos fijamente te vuelve loco), sino que uno hasta le pide disculpas. Como el dios Chuck es todo bondad, asiente sin variar el gesto (lo raro sería que lo variase), y llega la noche, momento en el que el coronel se cuela en la habitación de la diplomática con la excusa de tomar allí la última copa... ¿Qué? ¿Que se conocen desde hace unas treinta horas y apenas saben nada más que sus nombres? Eso da igual, porque se trata de Chuck Norris, y a él ninguna chica le dice “mira, me parece que es un poco pronto.... has estado a punto de causar un conflicto internacional... hay asesinos por todo el hotel esperando matarte....”. Nah.
Pero cuando el coronel empieza a despelotarse y a enseñar el felpudo pectoral y la diplomática ya tenía en los labios el Aleluya, resulta que no, concho, que Chuck es un caballero y además un astuto guerrero que quiere que los asesinos piensen que está de ligoteo, y en realidad sale del hotel trepando por la fachada para hacerle una visitita al diplomático vietnamita, para preguntarle por dónde tienen a los americanos. Y como es así de bueno, no le iba a matar y ya se iba, pero el diplomático comete el error de sacar un revólver, y raudo como un rayo, Chuck le tira un cuchillo al pecho, ¡si es que se lo buscan, caray...! Como es normal, la muerte del diplomático corre como un reguero de pólvora (Chuck no tiene miedo de nada y va matando a todo lo que se mueve y dejando más pistas que un elefante con cólicos. Alguien menos valiente, podría hacer las cosas con más cerebro, pero cuando te llamas Chuck Norris, no lo necesitas, ¿para qué? Los malos te darán el tiempo justo para llegar al hotel, escalar tranquilamente la fachada, llegar a la habitación de la chica, despelotarte, despelotarla a ella (bonus por enseñar tetas, aunque sea a oscuras) y tirarte sobre ella, de modo que abran la puerta justito cuando os tapáis con la sábana), y eso obliga a Chuck a abandonar la ciudad al día siguiente, en busca de los soldados.

Después de la escena tierna del aeropuerto con la diplomática (“me gustaría que no tuvieras que irte....”), algo dificililla de transmitir por alguien que tiene la misma capacidad expresiva que un bolardo, llegamos a la zona pre-selva, y es donde empieza el tomate. Para empezar, Chuck se carga un taxi para averiguar dónde se encuentra un burdel determinado. No, no es que quiera darse un homenaje, es que sabe que allí puede encontrar a un marinero amiguete suyo y el barco que alquila (suma veinte puntos más por varios culos y tetas gratuitos), así como contactos para comprar armas, que nuestro prota consigue al mejor precio sin apenas regatear, porque él mola. La embarcación, más bien modestita, no termina de ser completamente del agrado de Chuck (“¿Esa mierda es tu barco?” Atentos al lirismo de la frase, de su carga dramática, de su potencial interpretativo...), pero como es eso o una barquita del Retiro, y encima vienen los malos, mejor nos vamos yendo.

Bueno, llegamos a “la zona del hule”, y Chuck se viste de verde y sale al encuentro de un campamento de prisioneros, donde pone bombas hasta debajo de las teteras. Después de volarlo todo, ve que los retenidos allí no son americanos, sino vietnamitas también, quienes le agradecen sinceramente que los haya rescatado y le dicen dónde puede encontrar a sus compis. ¿Que cómo sabe hablar inglés perfecto un campesino de la última aldea de Vietnam? ¡Hombre, por favor, todo el mundo sabe hablar inglés, es la primera lengua en toda la tierra, lo que pasa es que luego están los dialectos, como el chino, el francés, el alemán...!

Bueno, a Chuck ya se le están empezando a inflar lo que vienen siendo las narices, porque más de cuatro páginas de guión son demasiadas, una cosa es una cosa, y otra cosa es abusar, caramba, ni que uno fuese aquí Hamlet... Veeenga, vamos a buscar a los soldados OTRA VEZ. El compañero suyo que lleva el barco se emperra en acompañarle, por no quedar mal, y ya sabemos todos lo que les ocurre a los secundarios cómicos en las pelis bélicas. En fin, se encuentran una caravana de camiones llena de pobres soldados en sandalias que no pueden ni rascarse la nariz, y allí que llega Chuck con su lanzamisiles de bolsillo a armar la gorda. Después de cargarse a medio ejército (ya sabemos que las balas son inteligentes, y se cargan sólo a los que se tienen que cargar), llega y les dice a los chicos que van a casa. “A casa...” repite uno de ellos como si fuese E.T., con la diferencia de que E.T. era bastante más conmovedor. Era expresivo, sin más.

En fin, se monta el pifostio padre, Chuck salda cuentas con otro coronel al que le tenía bastante tirria porque era el mandamás del campo donde él había estado y siempre le ponía fría la sopa, y finalmente llega un helicóptero que Chuck había contratado previsoramente antes de salir y que no sólo ha llegado en el momento oportuno, sino también en el lugar exacto de TODA la maldita selva, que si nos dicen cómo se lo han hecho, la industria GPS a tomar por saco. Bueno, se enlatan en el ventilador mientras unos cuantos malos gritan muy enfadados debajo, y ponen rumbo a Ho-chi-mín, ciudad de la que nos separaban un viaje en avión y dos días en barco, pero a la que llegan en menos de dos minutos, supongo que Chuck teletransporta todo el helicóptero. Bueno... si hemos llegado hasta aquí y nos lo hemos creído, no sé por qué no nos vamos a creer esto también.

El caso es que en la citada ciudad, la plana mayor vietnamita está dando un comunicado diciendo que no existe ningún prisionero americano, que no existen los MIA, y que todo son historietas del imperialismo yanki, y justo en ése momento, Chuck, que lo sabía porque es clarividente, aterriza con el helicóptero y sus muchachos (añádase el dramatismo de llevar a uno medio a cuestas, porque cojea), e irrumpen en plena rueda de prensa, para asombro del mundo y vergüenza del comunismo. Y ahí se acaba. ¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen....!





101 minutos que, podéis creerme, se hacen largos, pero para ver en plan “pasodetodo”, preferiblemente con una shisha al lado, están bien para echar unas risas. Braddok regresa con Desaparecido en combate 2 y 3, pero esas, ya las dejamos para otro día.

Espero veros de nuevo la semana que viene, con otra joya de Cine que sólo se ve en verano.

“A veces me siento a pensar.... ¡y la solución se presenta sola!” Si no coges ésta frase, tienes que ver más cine.

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  1. Juajuajua! Mira si he visto esta peli, no te olvides de "Commando" (del amigo chuacheneger), clásico que todo amante de acción debe ver alguna vez.
    ¿Asi que la Opinión también puede ir aquí? Prepárense, en semanas tendrán análisis de juegos antiquísimos y otras pavadas, buen comienzo Dita ;)

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  2. ¡Gracias mil! Buf, tengo una lista de pelis candidatas para ésta sección... esa, Y si no, nos enfadamos; Le llamaban Trinidad, Los bingueros, McQuade el lobo solitario... va a ser un verano productivo, ¡gracias por leerme!

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  3. Scabbs, contacta conmigo por email para que veamos que vas a poner en tu "locuras del tio scabbs" y te miramos un día de la semana o algo.

    Dita, ten cuidado no me llenes de caspa el blog. El artículo está bien, pero destripas toda la santa película.

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  4. Wenas... Intentaré mezclar algo de calidad, para que éste no sea "el rincón de la caspa", y cuando lo haga, me contendré en los detalles. El destripe absoluto de ésta es porque... en fin, ¿a estas alturas, puedes mirarme a los ojos y decirme (sin reírte):

    a) que puede haber alguien seriamente interesado en ver ésta peli y...

    b) que ese mismo alguien no sepa EXACTAMENTE el curso que va a tomar toda la cinta a los tres minutos de comenzar ésta?

    Estamos hablando de una cutrepeli, con todos mis respetos para el dios Chuck, de los ochenta. Son como las pelis de Parchís o de Pajares-Esteso, o las de monstruos estilo Leviatán, SABES perfectamente qué va a pasar, quién se muere, quién sobrevive, quién se acuesta con quién y cómo terminan los chistes.... Lo que pretendo, además de hablar de la peli y causar risa, es ahorrar tiempo a mis abnegados lectores, en plan "ahora ya no tenéis que perder 100 minutos de vuestra vida". Es lo que mi profesora de Literatura de 2º de BUP nos hizo con novelas estilo "Don Álvaro o La Fuerza del Sino", y a la vista de los que SÍ tuvieron que leérselo por gónadas, creo que nunca se lo agradeceré lo suficiente.

    La defensa termina su alegato haciendo constar que Dita ha estudiado en la Academia "abogados de pleitos pobres Willy Geengrich". Si no sabes quién es ese abogado, tienes que ver más cine XD.

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  5. Hay Dios mío, tenía años de no reírme en serio ;)
    La verdad me enteré de ti por tus escritos sudorosos de pasion, que por cierto no he leído, pero con esta columna me ha parecido una locura total. Que buena tinta tienes ;)
    éxitos.

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