Lo mejor de esta semana



     
     
-Never, never gonna give you up… lalalaalalaastup… nananaa feel about you, girl, I just can´t  live without youu… - ZombiD, sentado en el suelo, abre el otro ojo y os ve. Se lleva un dedo a los labios, sisea sin dejar de sonreír, Cierra el ojo y sigue canturreando – mmmh… baby…

    -¡ZombieD, GUARRO! – Esa soy yo, que acabo de salir del baño envuelta en mi albornoz negro con corazones bordados rosa (y el número 86 en el bolsillo del pecho), y, en contra de mi costumbre, bastante alterada. ZombiD intenta levantarse y salir corriendo, pero el brazo de la Justicia es alargado, y el mango del cepillo de la ducha también. ¡CLONC!

    -¡Auh! – se queja al recibir el golpe en plena coronilla - ¡Como me estropees el tupé…! 

    -¡Te voy a rapar al cero, mirón de vía estrecha, voyeur de pacotilla! ¡Para eso está internet! ¡Como vuelva a encontrarme tu podrido ojo en mi ducha, lo tiro por el retrete!

    -¡Andá…! – finge sorpresa. Y lo hace fatal - ¡Lo he buscado por todas partes, se me salió en tu baño porque hice fuerza al apretar la pasta de dientes el otro día que hicimos el camping-salón, y lo llevo buscando desde entonces! ¿Cómo has podido pensar que yo pretendía….? Por favor, ¿me crees capaz de esa bajeza?

    -¿Estoy hablando con el mismo al que pesqué dejando su mano cortada encima de mi sillón? ¡Sí, te creo capaz de eso y de mucho más! ¡Y ahora déjame que termine de asearme en paz! – De verdad que quiero muchísimo a ZombiD, le tengo un cariño inmenso y es mi mejor amigo entre todo el vecindario. No lleva aquí un año y me parece conocerle de siglos, congeniamos al instante… pero a veces, su lujuria piensa por él, y es realmente incómodo, hace semanas que tengo que registrar mi baño de arriba abajo antes de ducharme, la última vez intentó esconderse dentro de mi propio albornoz. Sí. Ducharse, en mi mazmorra, se está convirtiendo en un deporte de riesgo… claro que no es la única ducha peligrosa del mundo, como podréis atestiguar después de leer nuestro Cine que ya tendrías que haber visto de hoy: Psicosis.


  
   La acción da comienzo en la habitación de un motel barato, donde Marion Crane (Janet Leigh) y su amante Sam Loomis (John Garvin) acaban de disfrutar de un encuentro, pero en ese momento no se encuentran en pleno idilio, sino más bien en pleno desencanto. Marion desea casarse con Sam, y éste la corresponde, pero él está plagado de deudas y debe pasarle pensión a su primera mujer; el sueldo de Marion no es lo bastante alto como para hacer frente a todo eso, de modo que viven encontrándose como desconocidos en moteles. Marion, que trabaja de secretaria en una agencia inmobiliaria, recibe un encargo de ingresar una importante cantidad de dinero para una compra esa misma tarde. Tentada por la cifra, que supondría la solución a los problemas económicos que le impiden casarse con Sam, Marion pretexta un dolor de cabeza para tomarse la tarde libre después de hacer el ingreso, pero en lugar de ir al banco, hace rápidamente las maletas para largarse a California junto a Sam y los simpáticos billetitos, pero al cruzar la ciudad, su jefe la ve en un paso de cebra y ella se da cuenta. Así comienza un viaje de tortura en el que Marion no dejará de atormentarse pensando que la persiguen y la van a encarcelar y lo que dirán todos de ella. Tras día y medio de viaje, decide descansar en un Motel de carretera que encuentra por el camino. El dueño del mismo, un joven de aspecto tímido y delicado llamado Norman Bates le atiende con toda amabilidad, pero su estancia allí se ve ligeramente turbada por la omnipresencia de la anciana madre del joven, una mujer severa y dominante que tiene a Norman absolutamente bajo su control y por quien el joven siente a la vez antipatía por su forma de ser y un vivo cariño, lo que hace que se sincere con Marion y que cuando ella le sugiera la posibilidad de internar a su madre, se moleste con ella a la vez. Antes de acostarse, Marion decide tomar una ducha y Norman la espía a escondidas por un agujero de la pared, pero eso, no será lo verdaderamente grave que suceda en esa ducha; la madre de Norman se presenta cuchillo en mano y asesina a Marion a salvajes puñaladas. No, la película no acaba aquí. Ahora es cuando acaba de empezar.

     Psicosis, estrenada en 1960 bajo la dirección del maestro del suspense Alfred Hitchcok, no sólo
constituyó una inversión magnífica (costó unos 800.000 dólares y recaudó más de sesenta millones), ni sólo fue una gran película. Es además un juego espectador-cineasta y un ejercicio de Cine. Durante 45 minutos largos, creemos estar viendo la historia de Marion Crane, pero al llegar al Motel es cuando conocemos al verdadero protagonista. Apenas Marion muere, de repente y por unos escasos segundos, nos encontramos viendo una película de la que no sabemos nada, hemos perdido el hilo conductor que nos llevaba… pero enseguida Norman nos toma tiernamente de la mano, con la misma delicadeza y metodicidad con la que recoge el cadáver de la ducha y limpia la escena del crimen, dispuesto, como hijo cariñoso, a proteger a su madre e impedir que ésta pueda ser acusada de nada. 

    Apenas la hermana de Marion empieza a investigar su desaparición, sabemos que está haciendo lo que debe, y deberíamos ponernos de parte de ella, es a lo que la lógica nos impulsa. Pero nuestras simpatías, las más de las veces, se ponen del lado del encubridor Bates. Por más que los personajes de la hermana de Marion, de Sam Loomis o del detective sean atrayentes, es el bueno de Norm el que se lleva de calle el protagonismo.


  Norman, aficionado a disecar aves (tarea en la que tiene un gran talento), nos muestra con ese hobby suyo toda su personalidad. Al igual que un pájaro disecado, él también es una cáscara vacía, privada de su personalidad y rellenada con la de otra persona que vive a través de él. Su voyeurismo es la única manera que tiene de acercarse al sexo opuesto, siempre a escondidas, siempre oculto, pero no tanto para que no le pesquen las chicas a las que espía, sino para que no le descubra la otra mujer, a la que ama, teme, y detesta por igual. Cuando habla con Marion, le vemos comportarse en una timidez que raya en la incomodidad, no tanto por ella, sino por él mismo. Su relación con su madre es tan intensa y su dominio sobre él tan amplio, que el mero hecho de hablar con una mujer nos le presenta como culpable de estar cometiendo una especie de infidelidad, no digamos ya cuando se confía a Marion y le hace saber que su madre “está un poco mal de los nervios”. La dualidad de Norman, por un lado anhelante de cortar el cordón umbilical y por otro incapaz de ello al saber lo mucho que su madre depende de él mismo, nos hace tenerle un gran cariño por el personaje atormentado que es y la tortura que vive durante todo el proceso. Anthony Perkins, que debutaba en el cine con éste papel (que marcó de forma imborrable toda su carrera), estuvo a punto de llevarse el Oscar por el mismo, pero finalmente le fue concedido a Burt Lancaster. En mi opinión, por merecido que fuera el de Lancaster, creo que se lo merecía más Perkins, pero si mi opinión tuviera peso en el mundo, lo mismo la mitad de vosotros ni estaríais aquí, de modo que dejemos el mundo como está, por si acaso.

    A título de curiosidad que no tiene nada que ver con el cine, pero que siempre resulta interesante, Anthony Perkins tuvo relaciones sentimentales y sexuales con varios hombres, entre ellos el bailarín Nureyev, y más tarde, se casó con una mujer, motivo por el que muchos grupos de extremo religioso utilizan su imagen ilegalmente para aducir que la homosexualidad puede "curarse". No os dejéis engañar: como ya habréis supuesto, Perkins era simplemente bisexual. 

    Norman Bates está inspirado en el asesino en serie Ed Guein, un hombre asimismo completamente dominado por su madre, si bien él tenía tendencias caníbales y fetichistas, tapizaba muebles y se confeccionaba ropa con piel humana de sus víctimas, aficiones que Hitchcok juzgó que serían excesivas y no hizo tomarlas al bueno de Norm, pero hubo otro asesino años más tarde que sí las adoptó. Un tal Buffallo Bill, a cuya captura ayudó el eminente y siempre servicial Dr. Lecter en El silencio de los corderos, 1991, de modo que el extinto sr. Guein (quien, después de ser capturado, fue encerrado en un sanatorio mental en el que murió de viejo y donde fue siempre un recluso modelo) tiene el dudoso honor de haber inspirado a dos grandes asesinos de la Historia del Cine. 
 
     Psicosis, estrenada en el año 1960 como decíamos más arriba, pudo haber gozado de las ventajas
del technicolor, pero Hitchcok pensó que la escena de la ducha ya sería bastante fuerte en blanco y negro como para añadir sangre roja y dudaba que la censura la permitiese pasar si lo hacía así, de modo que decidió rodarla en blanco y negro y usar sirope de chocolate para simular la sangre. Aún así, en muchas salas de cine hubo hasta desmayos y gritos de pánico, y en cierta ocasión, en una fiesta, un hombre se acercó a Hitchcok y con bastante mal talante le dijo que no deberían dejarle hacer ese tipo de películas “¡Sepa usted que, desde que vio Psicosis, mi esposa no es capaz de acercarse a la ducha!”. “Si ella no se acerca a la ducha, no sé cómo se las arreglará para acercarse a ella usted”. Sentenció el cineasta, y se quedó tan ancho, cosa -la de quedarse ancho- para la que estaba casi tan singularmente dotado como para el cine. 

   Debido a lo que en aquél entonces se consideró “extrema violencia”, Psicosis fue estrenada con escenas cortadas en más de once países, entre ellos España, donde, de no ser por que contaba una parte imprescindible de la trama, los censores se hubieran cargado la escena de la ducha enterita. Escena que por cierto, no fue la cortada en Estados Unidos, sino la inmediata anterior, en la que Marion arroja unos papeles al urinario y tira de la cadena. Sí. Dijeron que era de mal gusto ver funcionar la cisterna de un retrete. 

    Como dato importante, Hitchcok exigió que, apenas empezase la proyección se cerrasen las salas y no se permitiese entrar a nadie con la cinta ya empezada. De ese modo, no sólo generaba más expectación sobre la película, sino que conseguía lo que se llama “inmersión cinematográfica” desde el minuto uno. Si queréis saber qué es esto, la próxima vez que vayáis al cine, a partir de que empiece la película, contad cuántas veces recordáis conscientemente que estáis en una sala de cine. Contra más a menudo os deis cuenta de dónde estáis, menor inmersión cinematográfica está consiguiendo la cinta con vosotros y es posible que os estéis aburriendo o que tengáis a un compañero de butaca muy pesado; contra menos veces lo recordéis, mayor inmersión cinematográfica, más absorbente es la película, más os sentís “dentro” de ella. 

     Psicosis es una película que hay que ver. No así sus secuelas, de las que ya os hablaré en verano para que nos riamos un poco, pero la primera y original es una Película con mayúsculas, una cinta que justifica la invención del cine.
 
"Pero si no fue capaz ni de matar una mosca..."


Dato curioso: la banda sonora de Psicosis fue “refrita” unos veinte años más tarde para la cinta de terror gore Re-animator.


“Estoy buscando a Ray Finkle. Y unos pantalones limpios” Si no coges ésta frase, tienes que ver más cine.

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