Lo mejor de esta semana

ZombiD está sentado en la alfombra del saloncito, a oscuras, con el volumen de la tele al mínimo y la nariz a dos centímetros de la pantalla, los hombros tensos. Está nervioso y sin duda por eso pega un brinco de cine y cambia el canal a toda prisa cuando mi mano le roza el hombro.

   -¡AH! ¡Espera, no saques conclusiones, puedo explicarlo, no es lo que parece! - Le miro con los ojos pegados. Son las cuatro de la mañana, me desperté en mitad de la noche y al no verle a mi lado, le busqué. Y sé perfectamente qué andaba haciendo. 

    -Estabas viendo el boxeo. - ZombiD agacha la cabeza. Sabe que el boxeo me parece un espectáculo salvaje y retrógrado; yo no le prohíbo verlo, pero se trata de algo que yo prefiero no ver. Bostezo y sonrío - Ponlo, y lo veremos juntos.

    -¡Creí que no te gustaba! - dice D, pero cambia el canal de nuevo. 

    -A mi cerebro, no le gusta. Pasa palomitas - Sonrío y me acomodo entre sus piernas, apoyada en su pecho y sus brazos a mi alrededor. - ¿Con quién vas? - Pero ZombiD me aprieta contra él y me besa la sien sin contestar. A veces no es fácil entender a otra persona cuando el primero que no te entiendes eres tú; ser una pareja siempre implica ceder un poco... lo malo es cuando esa pareja no es precisamente amorosa, ni amistosa, y ni siquiera por gusto. Y de eso trata nuestro Cine que ya tendrías que haber visto de hoy: Huída a medianoche. 



 


 La cinta da comienzo en un sucio edificio de viviendas al que llega Jack Walls (Robert de Niro) a detener a un fugitivo que casi le descabeza de un escopetazo, pero a quien consigue llevar a comisaría. No, Jack no es policía aunque lo pueda parecer. Se trata de un cazarrecompensas moderno, trabaja para el fiador Eddie Maxcom (Joe Pantoliano), quien paga las fianzas a crédito, y cuando no se las devuelven con intereses, envía a Jack para que los aprese de nuevo y así él recupere la pasta gracias a la recompensa, de la que le da una parte a Jack. Precisamente uno de esos fugitivos es Jonathan Mardukas, alias "el Duque" (Charles Grodin), en busca y captura desde hace años por desfalcar nada menos que quince millones de dólares de la Mafia y destinarlos, agárrense, a obras de beneficencia. Maxcom le encarga a Jack que encuentre al Duque y se lo traiga antes del viernes a medianoche, fecha en la que expira el plazo y en la que él perderá el dinero de la fianza. Jack, asqueado del negocio y harto de llevar una vida de riesgo, accede a hacerlo, pero por una cifra lo bastante importante que le permita retirarse y cambiar de oficio. 

     Como es natural, Jack dará con un jugoso detalle que le permitirá localizar al Duque en tiempo récord y apresarle, pero ese será sólo el inicio de un rosario de problemas y del viaje más largo de su vida. Mardukas, contable de profesión, no es desde luego un individuo peligroso en el sentido al que Jack está acostumbrado: no dispara, no sabe matar y casi ni dice tacos; es un hombre encantador... pero terriblemente pelmazo, incansable conversador y discutidor, y agudo psicólogo. Cada vez que Jack abre la boca, lo quiera o no lo quiera, se le escapan cosas que el Duque aprovecha, aunque no para escapar, ni para dominar a su captor, sino para comprenderle.

    Jack, encarnado por Robert de Niro es el personaje del "policía torturado tm.", aún cuando no sea
policía ya. Es un hombre solitario e individualista porque sabe que así nadie depende de él, ni él de nadie. No tiene que preocuparse de que nadie le traicione o le venda, porque sólo están él y el mundo. Es a la vez un hombre harto y envenenado porque ese mismo mundo le ha dado patadas en el trasero hasta decir basta; si alguna vez tuvo una buena vida, se la arrebataron con una sonrisita cínica y le hicieron quedar como un imbécil por pretender ser buen policía. Su desengaño se traduce en un mal carácter permanente; para él, todo el mundo por defecto es malo salvo él mismo, todo el mundo pretende engañarle o reírse de él o torearle, y para evitarlo, es él quien está siempre con la escopeta cargada. Esto, al juntarlo con el carácter del Duque, dará lugar a un sinnúmero de situaciones divertidas, al punto que, cuando en cierta ocasión de la cinta, se dé cuenta de que su detenido ha logrado tomarle el tupé, su reacción, aunque iracunda, será más bien producida por la rabia de sentirse engañado por alguien en quien casi había llegado a confiar, al punto que él y Mardukas discutirán en serio, pero de un modo casi infantil, acerca de quién mintió primero a quién.

John Mardukas, el Duque, es todo lo contrario a Jack. Está felizmente casado y a pesar de haber robado una escandalosa suma, no disfruta de millones porque lo dio prácticamente todo para obras de caridad; vive oculto y es un hombre satisfecho de sí mismo y de su vida, pacífico y comunicativo, que puede pasarse horas hablando y haciendo la misma pregunta. Su captor le produce una gran curiosidad y, lo quieran ambos o no, simpatía, y su deseo es conocerle precisamente para poder ayudarle. Es cierto que él sabe que si Jack logra entregarle, con lo que él sabe de las cuentas de la Mafia, estará muerto en menos de un día, tiene que escaparse a la fuerza... Jack se toma a risa la idea de que John se le pueda escapar, pero conforme aumenta su relación, la idea de cumplir con su deber de entregarle se le hará más y más cuesta arriba por más de dos motivos. 

    La química que surge entre los protagonistas les lleva a discusiones constantes, de las que sólo Jack sale enfadado y ordenando a Mardukas que cierre el pico. Éste intenta por todos los medios razonar con su captor, advirtiéndole de la mala alimentación que lleva, lo mucho que fuma, lo equivocado que está con respecto a las mujeres, lo mal que hace callándoselo todo... Jack le considera "un plasta", "un tocacojones"... pero aún así se va dejando poco a poco ganar el terreno y contestando a las conversaciones "para que le deje en paz", sin querer darse cuenta de lo bien que le hace soltar el veneno que hace nueve años que lleva dentro.


  A pesar de que la pareja protagonista se lleve de calle el protagonismo con la química que destilan y
el humor que desprenden, los secundarios no se quedan atrás. El desaparecido Dennis Farina en el papel del mafioso Jimmy Serrano está inmenso como tal. Serrano es el mafioso por excelencia: atractivo, de apariencia encantadora y simpática, pero un verdadero hijo de dama de afectos negociables apenas rascamos un poco. Se trata de un personaje que se lleva casi el único punto de seriedad en la película debido a su carácter déspota y pagado de sí mismo. A diferencia de sus secuaces, que aunque sean asesinos no dejan de tener menos seso que un pedazo de hierro y son relativamente fáciles de engañar, él es más inteligente y de mucho peor café; es el Villano con mayúscula, creado para que imponga respeto y dé miedo, porque aunque nos encontremos en una cinta esencialmente de humor por los personajes, las circunstancias no dejan de ser serias.

Igualmente tenemos a Yaphet Kotto en el papel de Alonzo Mosli, el agente del FBI. Mosli también anda detrás de Mardukas, pero quiere capturarlo para que declare contra Serrano frente a un tribunal; si Jack lo entrega antes que él, hará el ridículo, pero si él se lo arrebata a Jack, éste perderá su dinero y su posibilidad de cambiar de vida de una vez. Y por último, tenemos a Marvin, encarnado por John Ashton, otro cazarrecompensas a quien también Maxcom encarga el trabajo... por una cifra inferior. De ese modo, tenemos a Jack y al Duque recorriendo cinco mil kilómetros sin poder tomar un avión (Mardukas tiene avionfobia, no puede volar, y según la ley, un detenido no puede ser obligado a volar en avión si él no quiere hacerlo), teniendo que esquivar al FBI, a Marvin, a la Mafia y todo ello yendo la mayor parte de las veces en el coche del Rey Fernando: un rato a pie y otro andando.


 Robert de Niro, después de encarnar al joven Vito Corleonne en El Padrino II, de meterse en la piel de un taxista insomne que se cree llamado a limpiar las calles en Taxi Driver y de ser Jake Lamotta en Toro Salvaje, era un actor más que consagrado, pero a nadie se le había ocurrido verle en una comedia; todo el mundo le veía de mafioso, de policía, de personajes serios... pero a nadie se le había ocurrido explotar nunca su vis comica, y como se puede ver, la tenía. Al igual que había sucedido en una célebre producción anterior, Aterriza como puedas, el truco era poner a hacer comedia a un actor a quien no nos imaginábamos haciéndola (años más tarde, sería George Clooney quien cosechó un notable éxito gracias a la misma idea base con la cinta O, Brother!, recordadme que os hable de ella. Todo el mundo le veía como el médico galán y profesional de Urgencias o el capitán de barco superresponsable de La tormenta perfecta, pero hizo un papel cómico y partió la pana. Me gustó hasta a mí, baste con eso). Totalmente distinto era el caso de Charles Grodin, quien sí era actor cómico, y había trabajado con Steve Martin y hasta con los Teleñecos, y más tarde sería el sufrido padre de familia con agregado canino de Beethoven.


-"¡(Tiene úlcera) Porque sólo tiene dos formas de expresarse: silencio, e ira!... Debería tomar leche para cubrirla".

Estrenada en 1988, Huída a medianoche ganó una mención a una de las diez mejores películas del año, y Charles Grodin se llevó el premio al Mejor Actor en el festival de Valladolid por su interpretación de Mardukas. Es una película divertida y llena de acción, ideal para ver un viernes después de una mala semana y pensar "los hay que lo han pasado peor que yo". Cinefiliabilidad 5.


"Mis niños. En el principio, fueron los niños los que me dieron mi poder. El Hombre del Saco, así me llamaban" Si no coges ésta frase, tienes que ver más cine.

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