Lo mejor de esta semana

-¡¡Uaaaaaaaaaaaarrrrrrghh.... quiero oír pop blandoooooo que hable de despedidas muy tristeeees.... en estaciones de treeeeen...!! ¡Y ver comedias románticaaaaaaaaaaagh....! ¡Laura Pausiniiiiiiiiiiii....! - blasfemo y me retuerzo mientras ZombiD aprieta más las cadenas que me sujetan a la cama y mi Tiíto Creepy sostiene un ejemplar del Terror Cinema frente a mí. 

-¡Por el poder que poseo, te conmino: abandona éste cuerpo! ¡Abandona éste cuerpo, te lo mando!

-¡¡¡Aaaaaaaaaaargh, "la fotografía era muy bonitaaaaaaaaaaaaaaaaaa"!! ¡"El cine pakistaní es el único no contaminado por el imperialismo yankeeeeeeeeeeeeeeeeee!"

-¡La perdemos! ¡Nena, contéstame...! - se desespera mi novio - ¡Ya sé! - Mientras yo me convulsiono en la cama y vomito flores de azúcar, ZombiD corre al tocadiscos y busca desesperadamente entre los lp's, hasta que da con el que busca. Lo pone en la canción  adecuada y empieza a sonar a todo volumen "Everybody needs somebody to love", de Los Blues Brothers. De inmediato, las convulsiones se hacen más intensas y por un momento, soy consciente de qué me sucede. Mi cerebro parece arder, mientras una presencia extraña intenta abrirse paso en él. Y lo grave, no es eso (ya somos tantos dentro de mi cabeza que... pché... uno más...), sino que intenta imponer gustos. Y por ahí no paso.  Basqueo. Basqueo con fuerza, y a la tercera arcada, noto que algo sale de mí. -¡Ahí está!

No lo veo, pero mi tiíto sacude un librazo impresionante en el suelo. Los tres respiramos tranquilos. ZombiD me abraza y me besa la cabeza. Vaya caso de posesión. De eso precisamente quería hablaros yo hoy. No, El exorcista no. Hoy, en Cine Freak Salvaje: Posesión Infernal. 


 Si la semana pasada decíamos que las casas junto, sobre o cerca de cementerios eran una letra a la vista en cuestión de fantasmas y espíritus, hoy hablaremos de otro caso de habas contadas en lo que a muerte y sustos se refiere: las excursiones juveniles. Sí, sufridos lectores todos, irse de cámping es más peligroso que enfrentarse a la Mafia y películas como Viernes 13, La matanza de Texas, o Redneck Zombies dan buen testimonio de esto. La cinta que nos ocupa, y que comienza con cinco chicos enlatados en un coche que se dirigen a una cabañita de alquiler perdida en mitad de un bosque, no es una excepción. 

Ash, su mejor amigo, las respectivas novias de ambos y la hermana de Ash están dispuestos a pasar un feliz fin de semana campestre y tras algún pequeño incidente poco digno de mención, llegan a la casita que, dicho sea de paso, no parece especialmente acogedora. Entre la casita de chocolate de Hansel y Gretel y el Castillo de Drácula, está más cerca de lo segundo, y eso por no decir directamente que tiene la misma cédula de habitabilidad que la casa de Terror en Amityville y que dice a los cuatro vientos: "largáos de aquí". Como nuestros protagonistas no saben reconocer las sutiles señales de "estoy en una peli de terror", allí que se quedan a pasar el fin de semana. En medio de un rosario de ruidos misteriosos y golpes terroríficos, descubren una entrada al sótano, y dentro del mismo, un extraño libro y un magnetófono cargado con una cinta, cuyo contenido deciden escuchar, para amenizar la velada. En la cinta oímos la voz del anterior inquilino de la cabaña, un arqueólogo que, al parecer, había encontrado el citado libro, que no es ni más ni menos que el Necronomicón, también llamado El libro de los muertos. El arqueólogo cuenta en sus memorias que ha descubierto un conjuro para despertar antiguos espíritus, y lo lee en voz alta; oyendo aquéllo, la hermana de Ash sufre un ataque de pánico. Y aquí es donde debéis tomar aire con ganas, por que ya no lo vais a soltar hasta los créditos. 

Si existe una trilogía del terror y el frikismo, esa es la que nos ocupa, que comprende ésta primera
entrega, Terroríficamente muertos como segunda parte y El Ejército de las Tinieblas como cierre (de momento...) de la saga. Si alguno de vosotros ha visto las secuelas, notará que el tono de terror se rebaja más y más para ser ocupado por el humor y la ironía gamberras, pero en ésta primera entrega, el terror es el protagonista absoluto. Al igual que otros clásicos del terror ochentero como ReAnimator, cuyas secuelas se hicieron más en tono cómico, Posesión infernal nació como una película que se tomaba en serio a sí misma... para irse dando cuenta con el paso de los años que había creado una generación de fans que se veían seducidos más por el frikismo que destilaba, que por el contenido terrorífico. 

Sam Raimi y Bruce Campbell (director y protagonistas respectivamente) eran adolescentes tardíos a finales de los setenta (quiero decir que tenían casi veinte años), y se encontraban en una encrucijada llamada "¿qué coño hago con mi vida?". En concreto a Campbell le acababan de echar de la universidad en la que estudiaba (o hacía como que...) y había renunciado a su trabajo de taxista. A Raimi no le atraían gran cosa los estudios, lo único que le gustaba era el cine, y tenía pavor a terminar despachando artículos de caza y pesca en la tienda de su padre y pudrirse allí toda su vida (en la tercera entrega, Ash nos hace saber que él tiene exactamente ese trabajo. Cualquier parecido con la realidad, no es absoluto una casualidad). Sabiendo que no tenían nada que perder y quizá sí algo que ganar, decidieron hacer una película. Buscaron financiación, consiguieron el material lo más barato que pudieron y convencieron a cuanta gente pudieron para ayudar, usando un argumento similar al que usó en su día George A. Romero para rodar La noche de los muertos vivientes: "No tenemos un duro. Si sale mal, nadie pierde nada, pero si sale bien, cobraremos todos".

El rodaje no fue tarea fácil. Después de quemarse los sesos inventando un buena historia y pasándola a guión cinematográfico, vino el combinarse con otras personas que tenían a su vez vidas propias y otros trabajos y estudios y que no eran actores profesionales, ni entendidos en cine. Con frecuencia pasaban semanas sin rodar y tenían que aprovechar el fin de semana que coincidían todos para intentar adelantar lo más posible. Ante la falta de medios, usaron plastilina, animación stop-motion y rodaje con miniaturas (diga usted el cochecito de juguete de mi primito y el puente de los Legos...) y mucha inventiva (jarabe de maíz, crema de café y colorante rojo para conseguir sangre, crema de maíz y colorante verde para las tripas vegetales, y leche desnatada para la saliva de los poseídos) para intentar conseguir los efectos deseados. Posesión infernal era una cinta de miedo. Quería ser una cinta de miedo, había sido concebida como terror y quería transmitir terror. Y lo intenta con todas sus fuerzas. Pero si tienes más de doce años, es dificilillo que lo consiga. Los diálogos carentes de naturalidad, las actuaciones impersonales y nada profesionales, llenas de chillidos e histerismo, y los transformaciones de dos fotogramas por segundo (para que entendáis esto: para llenar un segundo de tiempo de animación sin que se note la transición entre imágenes y por lo tanto quede creíble, hacen falta unos doce dibujos), hicieron que Posesión infernal cayera, involuntariamente, en la risa. 

No obstante, esto no les restó valor. Raimi y Campbell supieron venderse haciendo que la cinta fuese
estrenada en el cine de su barrio (un local famoso por proyectar cine de terror), imprimieron ellos mismos las entradas y hasta alquilaron una ambulancia, en previsión de que algún espectador pudiera ser víctima de la emoción. Aquél detalle corrió de boca en boca y vendieron más de mil entradas para su première; si tenemos en cuenta que el cine tenía mil quinientas butacas, fue un buen baremo. Poco tiempo más tarde, en el Festival de Cannes, la cinta fue disfrutada por un gran aficionado al terror, nadie menos que Stephen King, quien quedó gratamente impresionado de lo que lo habían hecho con dos duros, y le dedicó una crítica muy positiva en la revista Twilight Zone, en la que colaboraba, refiriéndose a ella como "la película de terror más ferozmente original de 1982". Como podéis suponer, eso supuso un empujón grandísimo para nuestros héroes... En primera, cuando el público vio el extraordinario trabajo y el entusiasmo que rebosaba la cinta, lo valoraron, y en segunda, cuando Raimi y Campbell se dieron cuenta que provocaban la risa allí donde debía haber chillidos de pánico, no se arredraron por eso, sino que lo aprovecharon, y se lanzaron a por la segunda parte, Terroríficamente muertos, que se estrenaría en 1987. La cinta da comienzo justo al final de la primera historia y comienza también con un tono de terror innegable, pero un terror que se ha dado cuenta de que su baza, está en la hipérbole, en la exageración... Si Posesión Infernal parecía decir "Nos hemos esforzado todo lo posible para no parecer una cinta barata", Terroríficamente muertos decía "¡Somos una maldita cinta barata, y estamos orgullosos de ello!" (y más tarde, El ejército de las tinieblas diría "¡Joder, somos una puta cinta barata, joder, estamos jodidamente orgullosos de ello, joder!").

Cartel promocional con la frase de Stephen King.


Posesión infernal es una cinta que fue hecha por dos soñadores y encumbrada por un montón de adoradores a los que nos enamoró. Admito que yo no la vi hasta hace relativamente pocos años, la primera parte que vi, fue la tercera (...van a tener razón cuando me dicen que siempre lo hago todo al revés), a la tierna edad de quince años y me pareció la pera. ¡Era una partida de rol llevada al cine! (hablo en serio. Ash diciendo "¡Eh... he dicho las palabras, ¿eh?! ¡Las he dicho to-das!" es un toque puramente rolero). Cuando años más tarde vi la trilogía completa, me di cuenta que estaba antes una pequeña gran obra de arte. Una obra que viene a demostrarnos que no todo el cine de efectos especiales tiene que tener pasmosos efectos especiales, que el arte es magnífico porque en él, vale prácticamente todo. Una obra hecha por alguien que amaba el cine y que, como decía Sir Anthony Hopkins: "Es el mejor medio de trabajar sin hacer nada". Cinefiliabilidad 6, lo que significa que es una cinta de miedo de efectos desagradables, quizá no les guste a tus padres, pero sí que gustará mucho a los cinéfilos jóvenes. 


  
 

"Los cristianos son tan pobres -¿Cómo son de pobres? -Son tan pobres, ¡que sólo tienen un dios!" Si no coges ésta frase, tienes que ver más cine. 


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