Lo mejor de esta semana

Las editoriales independientes estaban en el mundo del cómic ya desde 1970 con una fuerte presencia, en donde la bande dessinée de autor también tenía su propio rincón de expresión. Las tiradas de estas editoriales solían ser bastante pequeñas y no contaban con más de 1000 ejemplares. Tampoco tenían mucha visibilidad en las librerías o en las grandes superficies especializadas en el mercado del cómic de la época como la Fnac  y representaba sólo un 5% de las ventas, aunque su objetivo final no era el mercantilístico, sino el desarrollo de una cultura del cómic que fuera más allá de lo comercial.

    Hasta 1990 la situación que se vivía en la década de los 70 se mantenía en líneas generales. El cómic sufría en esos momentos lo que podríamos llamar un "atasco" debido a la proliferación y por lo tanto dominancia de un determinado género de cómic más mainstream con temáticas que iban desde el cómic de corte histórico a sobre todo la ciencia ficción y la fantasía heroica, que acabarían convirtiendo el cómic en un objeto de consumo, casi de usar y tirar.

    Fue a raíz de esta mercantilización del cómic cuando surgió un movimiento que pretendía precisamente romper  con el clásico academicismo y tradicionalismo  impertante hasta ese momento en la producción del cómic. Fue Jean-Christophe Menu y su editorial en la nueva revista Labo de la editorial Futuropolis en donde remarcaba la importancia del cómic y sobre todo su "inmenso potencial de su lenguaje", según palabras del propio autor. Cinco autores colaboraron junto a Menu en esta revista: David B.. Matt Konture, Stanislas, Killoffu y Lewis Trondheim los cuales se unieron posteriormente para formar la editorial L'Association, fundada en mayo del 1990, junto también a Mokeit.

    El trabajo de la editorial se centró sobre todo en la experimentación. En 1992 publicó su primer libro, llamado Lapin, al cual le siguieron una serie de publicaciones muy alejadas de las ediciones clásicas de 48 páginas a todo color y de pastas duras que hasta el momento habían protagonizado la escena comercial franco-belga. A parte de la propia experimentación por parte de los fundadores, como por ejemplo Lapinot et les carottes de Patagonie (1992) de Trondheim, una de sus publicaciones más tempranas, animaba a otros autores a que jugaran tanto con el propio formato físico de la obra como a su temática, proliferando en cierta medida los cómics de corte autobiográficos como Persépolis de Satrapi o Los combates cotidianos de Larcenet, joyas de este período de la historia del cómic.

    También a raíz de ellos, varios autores de L'Association crearon en 1992 el OuBaPo (Ouvroir de bande dessinée potentielle), inspirada en la OuLiPo de Raymond Queneau, en el cual intentaban, mediante una cuidada selección de autores, una serie de restricciones a modo de "juego" con la propia obra. Esta iniciativa, que tiene su máximo exponente en el Comix 2000, una antología de 2000 planchas sin palabras de 324 autores de 24 países diferentes, fue exhibida tanto en París en 2003 como en Angoulême en 2005.

    La fundación de L'Associatión llevó también consigo el revulsivo necesario para que otros autores también se animaran a este cambio que estaba sucediendo en el panorama editorial francés, como por ejemplo la fundación por parte de un grupo de estudiantes de arte de Angoulême de Ego comme X y la realización de una revista con el mismo nombre.

    Otras editoriales se fundaron a tenor de esta nueva corriente en el mundo del cómic francés: Amok, por Yvan Alagbé y Olivier Marboeuf y su revista, Le cheval sans tête en 1994; y en Bélgica el colectivo Frigo fundó Fréon en 1994, con una revista anual llamada Frigorevue y su bimestral Frigobox.

    Aunque estas pequeñas editoriales habían comenzado el movimiento de rebelión contra el estancamiento de la industria de la Bande Dessinée, a finales de los años 90 varios miembros de L'Association como Trondheim, David B. , Guibert o Sfar comenzaron a trabajar para editoriales más grande y tocando precisamente las temáticas que tanto habían criticado como las aventuras o la fantasía, aunque eso sí, siempre aportando su propia visión. Resultado feliz de esta "fusión" es La mazmorra de Trondheim y de Sfar, en la cual han llegado a participar una veintena de autores como Blain, Menu o Stanislas. Este cómic es más que la revisión personalísima de los propios autores tanto del género de la espada y la brujería, así como del mismo concepto de la cadencia de la continuidad de las publicaciones tradicionales de la BD francesa.

    El éxito de este movimiento puede verse aún a día de hoy, en donde editoriales como L'Association, Ego comme X o Frémok (resultado de la fusión de Fréon con Amok en 2002) siguen en activo y produciendo material.

Bibliografía


Miller, Ann: Reading Bande Dessinée: critical Approaches to French-Language comic strip, Intellect Ltd, 2008
Mazur, Dan; Danner, Alexander : Cómics, una historia global desde 1968 hasta hoy, Blume, 2013.

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