Lo mejor de esta semana

Dicen por ahí, que es en el comienzo, en las dos primeras líneas de texto, donde el escritor atrapa a su lector. Si no lo consigue dando un buen comienzo, no lo conseguirá jamás en todo el libro. A decir verdad, creo que es una opinión acertada, pero un poco excesiva. La historia que nos ocupa hoy, comienza con la protagonista hablando de ella misma y diciéndonos algo sobre ella. Que se llama Namina, que nació en una isla… que se murió a la edad de 16 años, esas cosillas que se dicen. Sí, Namina nos cuenta su historia desde el Más Allá, pero a pesar de hacernos saber desde el principio su condición, digamos, “diferentemente viva”, Crónicas de una diosa podría muy bien haber empezado diciendo “Érase una vez…”, porque a pesar de los temas que trata, en el fondo-fondo, no deja de ser un cuento.

Namina nace apenas un año después de su hermana mayor, Kamikuu, y juntas viven inseparables los primeros cinco años de su vida, pero al llegar el sexto cumpleaños de la mayor, a ésta le dan un festín propio de una celebración, en el cual no dejan participar a Namina, ni para probar los manjares, ni para sentarse a la mesa, y ni para estar con su hermana. Acabado el banquete, la abuela de las niñas se lleva a Kamikuu y a partir de aquél momento, ambas hermanas no es que vivan existencias separadas, sino que les está prohibido hablarse, y Namina recibe serias advertencias de que no puede tocar, ni hablar, ni siquiera mirar a su hermana, porque puede corromperla. Kamikuu es la “niña yang”, y su destino es ser sacerdotisa de la isla, como su abuela. Por ese motivo, se le reservan los mejores bocados y será desposada con el hombre que ella elija, para tener hijos fuertes y sobre todo niñas que le den nietas y continúen la tradición sacerdotal. En cuanto a Namina, ella es la niña yin, y hay otro destino programado para ella. Otro, no queráis saber más. 

Al igual que vemos en otras historias clásicas o en novelas, por ejemplo Como agua para chocolate, en Crónicas de una diosa nos movemos en una sociedad fuertemente jerarquizada aun cuando todos ellos sean del mismo nivel social, pero donde hay personas que valen más que otras simplemente por haber nacido en primer o segundo lugar, y donde la propia voluntad, la libertad o la decisión de llevar la propia vida como uno prefiera, no se contempla. Si bien el destino de Kamikuu es el más halagüeño y cómodo, ella misma no lo ha elegido y se siente dolida por tener que vivir separada de su hermana, mientras que Namina no comprende porqué todos le dicen que es impura y que puede corromper a los demás, y siente terribles remordimientos al tener que llevar y traer todos los días la comida para su hermana y abuela, y tener que llevarse los restos para ser arrojados al mar, pues nadie puede probar la comida de una sacerdotisa, ni siquiera las sobras; la niña, que vive en un estado de hambre perpetua y ve cómo sus vecinos pasan necesidad y aún mueren de inanición, no comprende que sólo una persona tenga derecho a comer bien y que ni siquiera los restos de su comida puedan ser aprovechados habiendo tanta necesidad de comida. 

Los habitantes de la isla, como en muchas otras sociedades, han construido sus vidas y hábitos en torno a la superstición y el temor a los dioses, a los tabúes, a prohibiciones absurdas… aseguran que quienquiera que simplemente mire los restos de la comida sufrirá el castigo del cielo y no tienen reparos en marginar a toda una familia, o a una niña de corta edad, inspirados en esos mismos dioses, quienes ni siquiera tienen conocimiento de su existencia y que, cuando finalmente lleguen a la isla por el fruto del azar, lejos de sentirse complacidos con la devoción de aquéllas gentes, los juzgarán como crueles. Decía Steven Weinberg, un físico estadounidense, que “para que hombre bueno haga cosas malas, hace falta la religión”, y en éste caso nos encontramos con un ejemplo de libro de texto. Las gentes de la isla no son intrínsecamente malvadas, pero no tienen reparo en cometer actos crueles y hasta ruines, pensando que así complacen a los dioses y evitarán que se enfaden. 

Crónicas de una diosa es un cuento, un cuento de hombres y dioses como lo puede ser Furia de titanes o cualquier otro episodio mitológico. Como tal, se lee con gusto y ligereza, que hace soñar y pensar, y el sabor que deja es agridulce. 

Ficha técnica



Autora: Natsuo Kirino 


Editorial: Duomo

Nº Páginas: 216

ISBN; 9788415355663

Precio: 19.90 €

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