Lo mejor de esta semana

     —Para mí, que eso es hacer trampa - titubea ZombiD mientras el Bibliotecario nos entrega un legajo de páginas sueltas y le damos a cambio un racimo de plátanos. 
 
     —No, no lo es. Es servirse de las oportunidades y pensar fuera de la caja. - cuento las páginas cuidadosamente - Sí, están todas; Slenderman nos debe un par de pintas. 
 
     —Pero se suponía que debíamos hacernos con las páginas del modo normal, en su juego... - objeta aún mi novio, mientras salimos de la Biblioteca. Es una gran suerte que el Castillo posea una sala como esa en la que, si uno sabe por qué pasillos buscar, puede encontrar incluso las obras que no se han escrito aún (resulta la mar de práctico cuando tienes un bloqueo y no sabes cómo continuar una historia). 

     —No. Nadie dijo dónde debíamos encontrarlas. Slendy nos retó a encontrarlas todas sin morir, pero no dijo dónde teníamos que buscarlas. El que tuviera que ser forzosamente en su juego, es algo que dio por supuesto él, pero nunca lo mencionó, así que en buena ley, tenemos derecho a buscarlas donde nos parezca. 

     ZombiD sonríe. A Slender no le va a hacer gracia, pero debió haber especificado; él sabe lo asustadiza y torpe que soy con los videojuegos, y pensó que me había ganado antes de empezar, pero dado que sólo dijo "encontrad las ocho páginas" sin más, he decidido dejarme de tonterías e ir directamente donde sabía que iba a encontrarlas sin encontrarle a él. A veces, es mejor saltarse un poco las reglas e ir directos al objetivo, en lugar de dar bandazos en un juego sin sentido. Y eso es lo que hacen Kelly y sus héroes en la película de hoy. Hoy, en Cine freak salvaje, Los violentos de Kelly. 


    Que la guerra no es un juego, ni es bonita, ni es heroica, eso hoy día lo sabemos todos, pero hubo un tiempo en que el sentir general de la población no era ese, sino que la guerra era concebida como algo desagradable, sí, pero necesario en ocasiones, de donde salían hombres fuertes que acometían grandes hazañas dignas de figurar en la Historia y que no hubieran sido posibles de otro modo. Los horrores de las campañas bélicas se minimizaban en pro del romanticismo de estas. A los protagonistas de nuestra cinta de hoy, todo ese idealismo se la trae bastante al pairo, con perdón, porque son ellos quienes están bajo las bombas y saben que de románticas, no tienen nada. 

     Durante la Segunda Guerra Mundial, el degradado teniente Kelly (Clint Eastwood) captura a un miembro de la inteligencia Alemana a fin de obtener información de la región en la que su pelotón se encuentra, pero se darán con otra información mucho más interesante, y es que el alemán tiene en su poder un enorme lingote de oro. Kelly y el sargento Gran Joe (Telly Savalas) le sonsacarán a base de alcohol, y descubrirán que hay un importante botín en oro a treinta kilómetros tras las líneas enemigas. En un principio, Gran Joe se muestra cínico, escéptico sobre ese posible botín, pero finalmente se dejará convencer por Kelly y, ayudados por otros hombres de su batallón y por el excéntrico piloto de tanques Oddball (Donald Sutherland), emprenderán el viaje hacia el dinero, pasando por la deserción y el territorio enemigo para ello. 


      Aunque la película se sitúe en los años cuarenta, fue rodada en la década de los setenta, y tiene todo el sabor desenfadado y antiarmista de la década del pacifismo. Mientras que en el pasado los soldados eran exaltados en su valentía y arrojo, de repente la guerra y todo lo que conllevaba fueron repudiados. Los Estados Unidos habían pasado muchos años en la infructuosa guerra de Vietnam, de donde volvieron derrotados, humillados y, vamos a decirlo, hasta las narices. La población había visto cómo el dinero público era derrochado hasta la saciedad en un conflicto bélico que ni les iba ni les venía, habían visto a sus jóvenes volver rotos de cuerpo y alma si volvían, y se habían sentido como los malos de la película por primera vez al enterarse de los ataques contra población civil, y todo para nada. El apoyar el militarismo ya no era aceptable y los hippies pusieron de moda el "flower power" por todo el país. Una cinta en la que los soldados norteamericanos decidían desertar del ejército en favor de su interés personal, hubiera sido impensable en otra década, y aún así, no se trata de una de las cintas más conocidas de Eastwood precisamente por lo mismo; nunca estará del todo bien visto. 



También los hombres del ejército aparecen retratados aquí de un modo nada convencional; los soldados ya no son los hombres duros, o resignados de antaño. No son hombres obedientes dispuestos a darlo todo por su país, a morir con heroísmo, a luchar hasta el último aliento... son hombres, simplemente. Y la mayoría están más atentos a encontrar un poco de diversión, alcohol y mujeres, que a participar en acciones bélicas; han visto demasiados horrores y caer a demasiados compañeros para tragarse los cuentos del valor y el patriotismo. "Casi todos los héroes que conocí, eran héroes cansados" dijo en una ocasión Íñigo Balboa (El Capitán Alatriste), y aquí nos encontramos con personajes similares. Soldados hartos de luchar, de jugarse la vida día y noche por mover un centímetro más allá sus posiciones, sin ver fruto de sus esfuerzos y sabiendo que a su regreso, no les espera más que desidia y rutina, y eso si consiguen regresar vivos y enteros. Ante la oportunidad de cambiar su suerte, los habrá que en principio duden, pero la mayoría se lanzarán a intentarlo. Por puro cansancio. 



     No obstante, ese reflejo de los personajes como desidiosos y hastiados fue también provocado por
la productora, lo que hizo que Eastwood se mostrase disconforme con el resultado final de la cinta. El metraje original incluía más diálogos de los personajes, que daban información adicional sobre ellos y sus motivaciones, pero la productora los cortó, haciéndoles parecer "un montón de holgazanes" (Clint dixit). Claro está, no podía ser que nadie tuviera motivos sólidos para desertar y que se pusiera al gobierno o al ejército de los EE. UU. como a los malos o los causantes de la misma deserción. No tengo que recordaros que uno de los grandes productores de cine en el país de las barras y estrellas, es el ejército. No se puede hacer quedar mal a quien te pone el pan en la mesa.

 
    La cinta, llena de un humor cínico, bebe en gran parte de los spaghetti-western de Sergio Leone como podemos ver sobre todo al final de la misma, donde encontramos una secuencia al más puro estilo del duelo de El bueno, el feo y el malo; resulta imposible no pensar en Eastwood con poncho y sombrero. No obstante, pese al humor y el tono ligero que en ella destaca, la película no deja de ser bélica y tener escenas crudas y aún emotivas. Se trata esencialmente de una historia de aventuras y, en toda historia de aventuras que se precie, tienen que existir el riesgo y la incertidumbre, de lo contrario no habría emoción. 


     Los violentos de Kelly es una película bien llevada, ágil, con una gran banda sonora (uno de los temas de la misma, Tiger Tank, fue utilizado por Quentin Tarantino para Malditos bastardos), y una historia atrayente y, en conjunto, divertida. Con más de cuarenta años a sus espaldas, es ya cine clásico, pero eso no le resta fuerza narrativa. El contenido violento está aplicado en su justa medida para que, sin perder expresividad, no sea excesiva para los niños, que pueden verla a partir de los diez u once años. Cinefiliabilidad 5, lo que significa que es cine bélico y como tal, siempre algo duro, pero la comicidad y la aventura le quitan aridez y la hacen muy recomendable. 



"Queridos Reyes Magos; este año directamente os mando imágenes para que no os perdáis..."



"Si os habéis creído, nenas, que vais a poder escurrir el bulto porque vuestro último sargento era una mariquita a punto de jubilarse, que pasaba de todo, os habéis equivocado". Si no coges esta frase, tienes que ver más cine. 

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