Lo mejor de esta semana

Por Calistina

Bajo el nick de Raule trabaja Raúl Anisa, barcelonés de pro cuyo amor por los cómics se tradujo en brillantes guiones. Desde RYU (1995) hasta Arthus Trivium (2016), ha trabajado con varios de los dibujantes españoles más reconocidos tanto a este lado como al otro de los Pirineos.

En este número hace doblete con las reseñas de Isabellae y Arthus Trivium.

KZ- Empezaste en el mundillo queriendo dibujar y te apuntaste a la Joso. Las tiras cómicas de Violencia Sónica no parecieron satisfacerte, así que te decantaste por dirigir las historias. ¿Fue así?

R- Siempre quise ser dibujante. Me pasaba todo el día copiando a mis autores favoritos, pasando del humorístico al realista. Por eso me apunté a la Escola Joso en el 89/90, donde conocí a muchos amigos que aún conservo. Pero fue precisamente allí donde me di cuenta de que no sería dibujante. No tenía la constancia, paciencia y voluntad que requiere ese oficio. Yo quería contar historias, eso lo tenía claro, así que fui dejando el dibujo de lado y comencé a escribir mis primeros guiones y a buscar dibujantes que quisieran plasmarlos.

Por aquel entonces tuve la gran suerte de conocer a Miguel Chaves y juntos hicimos los primeros fanzines que nos condujeron más adelante a publicar Violencia Sónica con Camaleón Ediciones. Preciosa época en la que coincidimos con Sequeiros, Monteys y el resto del Mondo Lirondo, Germán García, Álvaro López, Nacho Fernández, Sergi Sanjulián y muchos autores más.

KZ- «He tenido un sueño genial. Esto que me ha ocurrido merece una historia. Voy a hacer un cómic de él». ¿Cuántas veces has oído esa frase? Ser guionista, ¿es tan fácil como eso?

R- Si realmente quieres ser guionista, claro que es tan fácil como sentarte y ponerte a escribir. Lo que no es tan sencillo es reconocer si lo que has escrito tiene valor, si interesará a alguien, buscar a un dibujante que quiera plasmar tu guion, encontrar un editor que quiera publicarlo y que te pague por ello…

KZ- En la década de los ’90  aparece Braingel, con dibujos de Roger y estética manga. ¿Cuáles fueron tus influencias? ¿A qué mangakas admiras?

R- En esa época yo había leído Akira, Appleseed, Alita y disfrutaba por la tele Bola de Drac (DragonBall), pero poco más. El manga no era una gran influencia para mí, pero sí lo era para Roger. Hablé con él y le convencí de que podría escribirle cosas diferentes a lo que hacía regularmente con Roque González. Él no estaba a gusto con las historias de Roque, así que no le costó demasiado cambiar de guionista y probar suerte conmigo. Hicimos una historia corta para la Otaku de Norma Editorial y la revista cerró. A eso se le llama empezar con buen pie.

Desde hace muchos años sí compro mangas y veo animes y cine oriental. Hay que tener todo lo de Tezuka, Koike o Urasawa y obras sueltas como Nausicaä, del maestro Miyazaki o Death Note, de Ōba y Obata, también la mayoría de las obras de Taniguchi, JunjiIto... La lista sería interminable, aunque debo reconocer que mi gran debilidad es Tsutomu Nihei.

KZ- Continuamos con Roger Ibáñez. Amores Muertos parece el pistoletazo para esa gran aventura que es Jazz Maynard. ¿Rondaba el raterillo ya por tu cabeza o son dos cosas distintas?

R- Amores Muertos era una serie de historias cortas que recopilamos en un comic book para Amaníaco ediciones que dirige desde hace muchos lustros el amigo Jordi Coll. Esas historias eran una selección de entre las muchas que Roger y yo habíamos publicado previamente en el PenthouseComix.

Jazz Maynard ya rondaba por nuestra cabeza allá por el 2003. En el festival de Angoulême de 2004 estuvimos visitando a casi todos los editores con apenas unos bocetos de los personajes principales. Era un estilo menos realista y con pinceladas mangas, pero gustaron mucho. El problema es que no habíamos hecho ninguna página de prueba y eso es precisamente lo que un editor quiere ver. Fuimos al festival un poco de sobraos, la verdad, solo para ver las reacciones de los editores y divertirnos con los colegas. A los pocos meses se celebró el Salón del Cómic de Barcelona y, gracias al guionista Jean David Morvan y al tebeo Cabos Sueltos (Amaníaco), tuvimos una reunión con Dargaud Benelux (la división belga). Cuando nos preguntaron si teníamos algún proyecto para ellos, a Roger y a mí nos vino enseguida la imagen del trompetista canalla. ¡Por supuesto que lo tenemos!

KZ- Entre los tomos de Jazz Maynard, se publica La Conjetura de Poincaré con dibujo de Martín Sauri en el que vamos vislumbrando cómo se desarrolla una historia fantástica a partir de un hecho real; en Isabellae (con Gabor) lo mismo, a partir de un personaje real (una onna bushida), una obra ficticia. ¿Qué es lo que te atrae de la ficción? Dicho en otras palabras, ¿qué tiene que haber en una historia para que te atraiga escribirla?

R- Pues no sé muy bien qué responder… Simplemente sucede. Leo un titular de prensa y veo una posible historia ahí, a veces basta con una simple palabra o con un verso (adoro la poesía de cualquier época, fuente inagotable de títulos para historietas). Lo que sí puedo asegurar es que cuando un dibujante me propone colaborar con él y llega la hora de buscar el género y el tono de la historia, lo único que me anima a escribir es la pasión del artista. Me explico. Si el dibujante quiere hacer un cómic de piratas, no le diré la verdad, que los piratas me la traen al pairo, sino que me contagio de su entusiasmo y trato de escribirle la mejor historia de piratas que jamás haya leído. Quiero decir con esto que no siento predilección por un género o estilo.

KZ- Arthus Trivium se convirtió en un éxito desde el minuto cero en el país vecino. ¿Esperabas que fuera así? ¿A quién has sobornado para que llegue tan alto?

R- Imposible soñar con un arranque tan espectacular. Antes de publicarse el tomo 1 ya había galerías interesadas en exponer los originales, editores independientes peleándose por hacer una edición de lujo… La respuesta de los lectores y la crítica está siendo abrumadora y yo estoy muy contento, principalmente por mi compi Juan Luis (Landa). Lleva muchos años soñando con algo como lo que estamos viviendo y os aseguro que si alguien se lo merece es él, por su capacidad de trabajo, esfuerzo, sacrificio, humildad… Quien le conoce sabe de qué hablo. También estoy muy tranquilo, porque si en un futuro se acaba nuestra serie porque el personaje no interesa, a Juan Luis no le va a faltar trabajo ni guionistas que se mueran por colaborar con él. En ese sentido, tengo la agradable sensación como de “objetivo cumplido”.

KZ- A pesar de parecer muy diferentes entre sí,  las colaboraciones con los distintos dibujantes parecen seguir un patrón: dibujo bastante realista, con pocas florituras, muy expresivo y en el que el movimiento es primordial. ¿Con qué dibujante te gustaría trabajar siguiendo estas premisas?

R- Hay docenas de dibujantes españoles y extranjeros con quienes me gustaría trabajar. Principalmente realistas, cierto, porque no me veo haciendo cómic humorístico o historias para niños. Una de las cosas más bonitas de esta profesión es poder colaborar con la gente que admiras, veteranos y jóvenes, en un proyecto común.

KZ- Estamos lejos de la cultura comiquera del mercado franco-belga y las editoriales no apuestan por un producto nuevo. ¿Qué cambiarías para que nos acercáramos a su modus operandi? Si fueras editor… ¿Qué te gustaría publicar?

R- Estamos a años luz de la cultura comiquera de Francia o Japón, pero estamos dando grandes pasos para que eso cambie. La creatividad está a niveles estratosféricos, las autoras están encontrando su hueco y trayendo nuevas ideas a un medio tradicionalmente masculino, las librerías generalistas tienen su espacio para los cómics y las bibliotecas ofrecen muchas actividades sobre el noveno arte. Entre otras cosas, tenemos pendiente algo fundamental como es asentar el cómic en las escuelas, no solo como material didáctico. En fin, que hay mucho trabajo por delante.

Si yo fuera editor, tengo claro que publicaría todas las buenas historias que me llegaran a las manos, sin mirar su género ni la edad de los autores. Nada de seguir una línea editorial. Se me caería la cara de vergüenza si tuviese que decirle a un autor «tu tebeo es cojonudo, me ha emocionado muchísimo… Pero no encaja con nuestro catálogo, lo siento».

KZ- Un ratero de guante blanco, una samurái y un  discípulo de Nostradamus cuyo nexo común es la trama policíaca. ¿En qué te inspiras para escribir? ¿Llevar a los personajes al límite es parte de alguna terapia que quieras confesar?

R- Como cualquier autor, me inspiro en la realidad, en lo que veo, en las obras que leo o visiono, en algo que te han contado… Todo sirve a la hora de escribir.

Lo de llevar a los personajes al límite es mi modo de hacer que pasen cosas constantemente, de entretener al lector, de darle ritmo a la historia, de buscar un público mayoritario, vamos, de posicionarme en el lado comercial de la creación. Con Cabos Sueltos ya demostré que me gustan las historias sencillas, costumbristas, de emociones y sentimientos encontrados, pero siempre tuve claro que ese tipo de cómic no me abriría las puertas del mercado franco belga. Y Roger coincidía conmigo en este punto, por eso elegimos a Jazz Maynard como nuestro caballo de Troya. No puedes controlar el público que te va a leer, eso es imposible, pero sí procuro seguir ciertas directrices que me faciliten el camino hacia ese gran público. Nunca he pretendido premios ni prestigio, lo único que deseo es escribir lo que me apetece, que a los lectores les guste y ganar toda la pasta posible con ello.

KZ- Philippe Berthet será tu compañero de aventuras dentro de la Ligne Noir en Dargaud… ¿Con quién más tienes algún proyecto en ciernes?

R- El sello Ligne Noire lo creó expresamente la editorial Dargaud para publicar a Berthet junto a diferentes guionistas, así que lo justo es señalar que yo seré el compañero de Philippe en el álbum que ya hemos comenzado a crear. ¿Otros proyectos? Aparte de las tres series que estoy escribiendo para Dargaud y Le Lombard (Jazz Maynard, Isabellae y Arthus Trivium), he organizado y participado en un tebeo colectivo de género negro que publicará Norma. También tengo tres proyectos más de los que aún no puedo decir los dibujantes ni las editoriales, sorry.

KZ- He decidido que lo mío no es dibujar, pero me gusta contar historias. ¿Qué consejos me darías para llegar a tu nivel?

R- Si te refieres por nivel a ser profesional, solo hay tres consejos posibles: Disfruta de los mejores cómics, libros, películas y series; escribe y reescribe siempre que tengas un minuto libre y dejo el consejo más importante para el final: VIVE.

¡Un saludo a todos los lectores y gracias por aguantar el tostón!

Raule.

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