Lo mejor de esta semana

  (El respaldo del sillón, negro e impresionante, es lo único que se os muestra. De detrás de él, veis salir nubecillas de humo, cada una de un color distinto. El sillón se gira, y me veis. El efecto quedaría mejor si hubiera recordado soltar el tubo de la pipa árabe, porque se cae por el tirón, ¡hala, del suelo no pasa…! ¡Cuidao con el carbón, que el suelo es de tarima y deja marca! Recordatorio: comprar un tubo más largo).

      Buenas noches, cinéfilos todos, y bienvenidos una vez más a mi modesto rincón, Cine que sólo se ve en verano. Y para ponernos en situación (espanto a un pequeño murciélago con la mano), os ruego que imaginéis lo siguiente… Érase una vez, más cerca de lo que os gustaría, una jovencita de catorce años que aún creía en las hadas, el amor y esas cosas, y al mismo tiempo empezaba a interesarse por las oposiciones a Señor del Mal. Un buen día, esa jovencita acudió, acompañada de su señor Padre, a uno de los grandes templos del Saber y la Cultura, que los iletrados llamaban sencillamente “videoclub”, y allí encontró no sólo una gran comedia, sino también a uno de sus amores platónicos y actor fetiche desde entonces, pero además, encontró al que sería su Bufón particular de su reino privado desde entonces. El actor en cuestión, era un prácticamente desconocido Jim Carrey, y la película, que es la que nos ocupa hoy, Ace Ventura: detective de mascotas. 





     La cinta comienza con un repartidor de NHS muy delgado y curiosamente tripudo, que lleva un paquete con verdadero celo profesional. Vamos, que no sólo lo estrella sin compasión contra postes y paredes, sino que hasta hace el pino encima de él. Y no llevamos ni 45 segundos de película y la pequeña Dita ya estaba descuajada de la risa. El repartidor lleva el paquete a casa de un individuo ciertamente poco agradable, quien tiene “un perro encantador”, a quien el repartidor, con permiso del dueño, acaricia y hace carantoñas. Pocos segundos después de que el repartidor se largue con viento fresco, el dueño del piso le ordena al perro que se aleje de la puerta, pero como el dulce bichito no le obedece, él mismo intenta apartarle, pero al tomarle groseramente del cuello, descubre que se trata de un peluche, que lleva al cuello un cartelito que dice “Ha sido usted visitado por Ace Ventura, detective de mascotas”. Naturalmente, un individuo tan desagradable no es un buen perdedor, y se lanza a por el detective.


     Ace, camuflando al perrito bajo su chaqueta, consigue huir por los pelos diciendo una de sus frases míticas “¡Es un… man-taaaa…!”, pero el recuperar al perrito no le sirve para pagar el alquiler, ni la comida de los numerosos “amigos de la jungla” que comparten su vivienda, de modo que cuando el delfín-mascota del equipo de rugby de los Dolphins es secuestrado, además de llamar a la policía, el equipo decide llamar también a Ace, quien a pesar de su histrionismo, sus infinitas manías, su extraña manera de conducirse y su muy particular modo de hacer averiguaciones, resulta ser un detective de primera. Poco ortodoxo, pero de primera. 

     Ventura no vacilará en perseguir a exjugadores de rugby (retándolos a pulsos, pegándoles toallazos, disfrazándose, y hasta subiéndose a su espalda para sedarlos con cloroformo), colarse en fiestas, exponerse a las iras de la policía, y hasta meterse en un psiquiátrico, todo con tal de recuperar al delfín. Y todo ello mostrándonos que tiene la cara hecha de goma, una increíble capacidad para la sobreactuación, y poquísima vergüenza. 


    Jim Carrey llevaba años esperando por un papel como éste, y lo aprovechó todo lo que pudo y más. Hasta la fecha sólo había tenido un papel protagonista en la comedia Mordiscos Peligrosos, que no obtuvo el éxito deseado (…hasta yo admito que es una peliculilla barata de las tres y media), y de ahí, estuvo dando tumbos en papeles secundarios como Las chicas de la tierra son fáciles y La lista negra (con Harry el Sucio. Os podéis imaginar lo que le duraba mi pobrecito bufón al tito Clint…), pero a pesar de que el cine se mostrase avaro con él, era conocido por su vis comica; había hecho numerosos espectáculos en cabarets, para televisión, aparecido en el programa Saturday Night Live! Junto a Steve Martin, Bill Murray… y hacía frecuentes cameos en series haciendo lo que mejor sabía hacer: poner caras. Y si alguien cree que eso es sencillo, que pruebe a poner cara de Jack Nicholson, de Clint Eastwood, de Jack Lemmon… y que sean perfectamente reconocibles. 

     Ace Ventura tuvo una secuela apenas dos años más tarde: Cuando la naturaleza llama, y Jim Carrey se convirtió en el nuevo rey de la comedia con cintas como La Máscara o Dos tontos muy tontos. Y más tarde, demostró que no era sólo un montón de muecas con patas, sino que podía ponerse serio y actuar con la misma credibilidad que cuando hacía payasadas, en cintas como la celebrada El show de Truman o la dulce The Majestic. Y fue Jim Carrey quien nos trajo a otro grandísimo cómico, injustamente poco conocido en nuestro país por aquél momento. En la cinta Como Dios estuvo junto a Steve Carell, quien tomaría el protagonismo absoluto en la secuela, y se haría famoso por Superagente 86 y su papel de Michael Scott en la serie The Office (adaptada de la serie homónima británica). Y en concreto, hay un punto de la película que no os puedo regatear. Esta secuencia hizo que tuviera que parar la película, porque literalmente me ahogaba de risa:





     Ace Ventura tuvo una tercera secuela que no he visto, que nadie ha visto y que en realidad, nadie conoce, porque no salía Jim Carrey. Más afortunadamente, contó con una serie de animación, al igual que La máscara (y si hay un capítulo mítico, es aquél en que Stanley Ipkiss pierde a Milo, su perro, y encarga a Ace Ventura que lo busque... sin comentarios), y un videojuego de aventura gráfica basado en la serie animada. A mí sólo me resta recomendaros encarecidamente que si no la habéis visto, la busquéis ipso facto, y si sí la habéis visto, le dediquéis un merecido revisionado, con acompañamiento de palomitas y dos litros de refresco... pero bebedlo con cuidado: si os da la risa, el soltar la fanta por la nariz, no es NADA agradable. Eso sí, los que os rodeen, aún duchados, se van a partir el pecho. 

“Si no he vuelto en cinco minutos… ¡esperen un poco más!” Si no coges ésta frase, tiene que ver más cine.

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  1. Esta película es sensacional. Ésta, la Máscara y dos tontos muy tontos son las dos mejores películas de humor que tiene Carrey, como tú dices. Desde luego es uno de los reyes del humor totalmente absurdo.

    Aquel episodio de La Máscara con Ace Ventura fue mítico. ¡¡El culo de Ace se puso la máscara!! Y después cuando vuelve a la cara de Stanley se le puede ver cómo se lava la cara con agua, jabón y lejía al grito de "¡¡Sé dónde ha estado, sé dónde ha estado, sé dónde ha estado!!". No pude parar de reír.

    Por cierto, la única cara que he visto a Clint Eastwood es en "Dos mulas y una mujer", cuando ya en el prostíbulo la Madame le pega un cachetazo en el culo a la supuesta monja con las dos manos. Nunca imaginé que ese caracartón pudiera poner semejante cara de desconcierto.

    Ah, y Steve Carell no sólo es conocido por su papel en el Superagente 86, sino que además es la voz de Gru en inglés.

    Aprovecho para felicitarte por este blog. Desde luego sabes escribir no importa a lo que te pongas.

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  2. ¡Muchas gracias por leer y comentar!

    Dos mulas y una mujer es mítica en muchos aspectos, por que también es una de las pocas veces que el tito Clint se pone romántico (salvando Los puentes de Madison, que vendría décadas más tarde). Sinceramente, cuando (muy bebido) agarra a la que él cree monja y le dice "no puedo olvidar que la primera vez que la vi estaba usted medio desnuda, mi hermanita preciosa...", mi corazón de doce años de edad pegó un vuelco; yo que estaba acostumbrada a verle como Harry el Sucio o como el Rubio (frío, inexpresivo, justiciero, casi perennemente cabreado..) aquéllo fue de "éste no es mi Clint que me lo han cambiao" XD.

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  3. Excelente recomendación. Sólo que yo vi 1ro la 2da parte. Sólo el detalle que no es Rugby, si no Futbol Americano, que en USA llaman simplemente Football.

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