-Mira, la primavera será preciosa para algunas personas, pero no para mí. - se queja Vladi - A mí sólo me sirve para que las alergias dejen a todo el mundo hecho una bayeta, con lo cual su sangre es pura horchata y me hace estornudar todo el rato. O bien para que el estallido hormonal les haga enamorarse hasta de las farolas, con lo que su sangre es puro sirope, ¡y lo primero que me dijo el dr. West, fue “nada de dulce en la dieta”! Así que estoy pasando más hambre que el Dios Talento… 

     -Anda, no será tanto… - intento quitar hierro yo - Ya no falta nada para que se acabe la estación, dentro de poco se acabarán las alergias. 

    -Mira, eso también me vendrá bien a mí - tercia ZombiD - porque el cementerio está lleno de chopos, y se pone el suelo blanco de polen, y a mí no me sienta nada… nadaaa…. aaat… ¡ATCHUÁ! - Estornuda con tal fuerza que su ojo izquierdo sale disparado de la cuenca, rebota en mí, en Vladi y finalmente cae en el vaso de té helado del Tito Creepy. - Perdón. 


    -No es nada… - dice el Tiíto sacando el ojo de su vaso con cara de circunstancias, y ofreciéndoselo. - ¿has probado a cerrar los ojos cuando estornudas? 

     -Resulta un poco difícil si uno no tiene párpados - contesta ZombiD limpiando el ojo en su cazadora. 

    -¡Podrías ponerte un parche!

    -¡Genial, así no tendría que ver más tu cara!

    -¡Eh, eh, basta! - intervengo y los dos refunfuñan, pero enseguida reina de nuevo la paz eterna en mi modesta mazmorra. Claro que la idea de ponerse un parche, no es del todo mala, hubo alguien que, cuando por fin ganó un merecido Oscar, manifestó: “De haberlo sabido, me hubiera puesto antes un parche en el ojo”. Y de él y de esa cinta vamos a hablar hoy: Valor de ley. 



    La cinta nos traslada a la época tan emblemática como romántica y violenta, que es el oeste norteamericano, y más concretamente a una granjita en la que viven los Ross, matrimonio con tres hijos que dan trabajo a un hombre problemático llamado Tom Chanin. El padre ha de negociar una compra de caballos y parte con éste, y a raíz de una disputa en un bar, Chanin mata y roba al hombre que le acogió y después se da a la fuga. La hija mayor de la familia, Mattie Ross, una jovencita muy resuelta y espabilada decide ir a la ciudad dispuesta a encontrar al asesino de su padre y acabar con él ella misma si la Ley no lo ejecuta, para lo cual contrata los servicios de un agente federal algo borrachín, pero duro y malcarado, llamado Rooster Coburn, que no es otro que Marion Mitchell Morrison, más conocido como John Wayne.

     Valor de ley fue estrenada en 1969, basada en la novela True Grit, y nos traslada a una época en la que el feminismo y la introducción de las mujeres en todas las facetas de la vida era ya una realidad. Mattie, pese a encontrarse en un tiempo muy anterior, nos muestra ese mismo cariz de mujer valiente y que no se limita a quedarse en casa (“La necesitarán para hacer la mantequilla”, le dice Rooster en un intento de librarse de ella) llorando a su padre, sino que toma parte activa en la justicia que le debe; no obstante, no se trata de una heroína sin cabeza, una y otra vez la vemos recurrir a sus derechos que ha estudiado cuidadosamente antes de hablar con nadie, y respaldada por la figura de su abogado, de quien el tercero en discordia en la búsqueda de Chanin, La Beouf, dira que “lo utiliza como si fuera un revólver”. 

    Mattie, inteligente, estudiosa y valiente, es un prototipo de la mujer que nos presentaban
entonces como la que era capaz de llevar las tareas propias de su sexo, pero las rechazaba en pro de una existencia mucho más interesante, y sobre todo, dadas sus circunstancias, mucho más necesaria. La joven sabe que si deja el asunto del asesino de su padre en manos de la justicia, es probable que tarden muchísimo en encontrarle si finalmente le encuentran, y que lo cuelguen en otra parte por haber matado al perro de un senador y no por el crimen de su padre, de modo que su afán es conseguir hacerlo todo personalmente, y aquello que no puede, al menos supervisarlo, para estar segura de que todo se hace correctamente (es decir: como ella quiere). 

 
  El personaje de Rooster Coburn es el de un hombre y agente federal de la vieja escuela, un “héroe cansado”, que ve que el mundo está cambiando y él ya no cambia con él, no desea hacerlo y las nuevas ideas no le gustan mucho. Ve como su trabajo de agente, deteniendo y matando criminales, es puesto en tela de juicio por los abogados (los “picapleitos” dice él). Coburn sabe que cuando mata, está impidiendo que un asesino se escape, está protegiendo su propia vida y la de los demás, pero claro está, se está pasando por el forro los derechos humanos de esa persona que, por ser un criminal, el agente federal no cree que los tenga realmente. La llegada de Mattie, sus exigencias, su “marisabidillismo” y su forma de leerle la cartilla casi constantemente, vienen a darle la puntilla en esos cambios que sabe que están ahí y no desea aceptar, como vemos en la secuencia de la rata. Mattie y él están cenando en su casa, la joven ve una rata y trata de espantarla, pero Rooster, ya bebido, saca su revólver y dice “Señora rata: tengo aquí un mandamiento judicial que dice que deje usted de comerse el maíz de Chen-lí (el hombre chino que regenta la tienda en la que vive). Es un mandamiento de detención de una rata, ¡y se lo exhibo legalmente!” Puesto que la rata, como es normal, no le hace ningún caso, sencillamente le pega un tiro allí mismo. Sí. Para él, rudo y que ve las cosas en términos de blanco o negro, no hay diferencia entre una rata y un criminal, y pretende tratarlos de la misma manera. Es cierto, eso le convierte en una persona sin compasión ni empatía, pero también hace de él el mejor en su oficio.


    Finalmente, el tercero en protagonismo sería LaBeouf, un ranger de Texas (no, no se trata de Chuck Norris), que pretende también coger a Chanin y llevarlo a su pueblo tejano por otros crímenes, cosa que Mattie no consentirá. Mientras que Rooster siente por la joven una cierta complicidad paternal, LaBeouf, mucho más joven, no la ve tanto como niña sino más como jovencita tirando a mujer, lo que le hará pensar en la posibilidad de juntarse con una mujer tan fuerte como ella y la encontrará muy desagradable. Eso hará que al principio, ambos choquen muchísimo; ella porque no quiere aceptar el lugar que LaBeouf cree que tiene que ocupar, y él porque no acepta su rebeldía y está dispuesto incluso a educarla. Más tarde él mismo se dará cuenta de que es inútil y la aceptará con simpatía; eso nos muestra el crecimiento personal del ranger, que a su vez simboliza el de una sociedad entera: las mujeres no tienen por qué ser lo que tú quieras que sean, sino lo que ellas quieran ser. Si de verdad sientes algún afecto por ellas, debes dejar que lo sean y no pretender moldearlas a tu antojo. 

    Por último, no podemos dejar de recordar a Robert Duvall en su papel de villano “Lucky”
Nick Peeper, el bandido con cuya banda se ha juntado Chanin, y que es la némesis de Rooster Coburn, con quien ya se ha enfrentado en algunas ocasiones y ha logrado huir. Peeper es un bandolero y como tal, con pocos escrúpulos, y no dudará en traicionar a sus propios compañeros de correrías para lograr escapar. Sin embargo, su manera de actuar es tan próxima a la de Coburn, que éste demostrará lo bien que le entiende en más de una ocasión… lo que a su vez, hace que sea posible encontrarle. 

     A través de la cinta y del esquema clásico de personalidades diferentes forzadas a trabajar juntas, vemos la complicidad y el cariño que surge entre Mattie y Rooster; la joven, privada de su padre, encuentra en el anciano agente un nuevo modelo para admirar y querer, y Rooster, por más duro y escaso en sus afectos que sea, se deja querer por la joven y se preocupa por ella. De un modo ciertamente rudo y nada suave, pero lo hace. En ese aspecto, la cinta termina para mí con un interrogante, y es que Rooster sabe perfectamente la edad que tiene y lo que le separa de la muchacha, pero Mattie es muy joven, y pese a ser tan responsable y tan cerebral, no deja de ser una mujer y una niña… ¿el afecto que Mattie siente por Rooster, podemos estar seguros de que es sola y completamente paternal, admirativo… o siente por él algo más hondo? Es algo que hace preciso ver la película y juzgarlo uno mismo. 

    Valor de Ley es una cinta del oeste que trasciende su propio género y partiendo de un esquema tan clásico como la venganza, nos presenta muchos otros temas muy interesantes, y que le valió a John Wayne un merecido Oscar, casi más homenajeando toda su carrera como actor que éste papel en particular, que, aunque con mayor psicología, no se diferenciaba demasiado del papel de sheriff que había interpretado en numerosísimas ocasiones, de ahí la frase a la que aludía al inicio. Hace unos cuatro años, en 2010, los hermanos Cohen se atrevieron a hacer una revisión de esta historia, que, aunque cuente con mayores medios, no es tan de mi agrado como la que nos ocupa, y que, con todo mi respeto a Jeff Bridges, me pareció completamente plana, pero admito que, cuando se ve a John Wayne cogiendo las riendas con la boca y disparando a dos manos a la tierna edad de once años, el juicio de una puede verse afectado por cierto favoritismo personal. 



Valor de ley es una película entretenida, llena de acción y toques de humor, pero es una cinta muy clásica y está rodada con un estilo propio de telefilm y efectos especiales al estilo Bonanza (o sea, la sangre prácticamente no existe, un manchoncito de tomate y arreando). Cinefiliabilidad 6.

“Eh, Joe… ¿no crees que debíamos haber quitado el montón de dinamita que está sobre la caja?” Si no coges ésta frase, tienes que ver más cine.