Lo mejor de esta semana

Ángeles de Charlie en Busca de las Esferas Perdidas.
Por Lax


Con la quiebra que sufrió Squaresoft, nacería gracias a Enix: Square Enix. Los nuevos estudios debían de estar con las hormonas de un adolescente lleno de espinillas cuando quisieron demostrar a los fans de la SAGA por excelencia de Squaresoft -Final Fantasy- de lo que eran capaces de hacer. Ni que decir que lo peor fue comenzar sus andaduras con una secuela de uno de los últimos juegos con una de las mejores historias de la saga ya comentado por mi compañero ToTe: Final Fantasy X. Aunque es comprensible, pues estaría tan fresco en el estudio que con retoques allí y allá se podría sacar algo decente mostrando sus innovaciones, un cúmulo de brain stroming para diferenciar la nueva “ERA” de Final Fantasy que ni hasta ahora a conseguido la aceptación unánime de jugadores y crítica. Un juego que como RPG “moderno” no está tan mal, pero como un Final Fantasy, y secuela de la décima entrega, dejaba mucho que desear.



Aires de Cambio.
Han pasado dos años desde los acontecimientos de Final Fantasy X y aires de cambio azotan Spira. El Clero, regido bajo el Dogma de Yevon, ha perdido su poder político, militar y religioso quedando sólo un pequeño atisbo de lo que era. El cambio se produce con rapidez: los Albhed viajan por toda Spira 
mostrando toda la tecnología descubierta y existente, y el resto de ciudadanos abrazan muchos con alegría, y otros con miedo, todos estos cambios; provocando así la aparición de nuevos grupos, politico-militares o de mero asentamiento.


Ante este panorama, Yuna viaja por toda Spira como su Salvadora y la Destructora de Shin, convirtiéndose en la Guía de los habitantes de Spira, mientras intenta así no olvidar a su persona amada. 


Cuando Riku, convertida en una Cazadora de Esferas para descubrir el pasado de Spira y así reescribir la historia tal y como fue, y no como la contó El Clero, le enseñe una videoesfera donde aparece un borroso Tidus, Yuna decide unirse al grupo de cazaesferas conocido como las Gaviotas para saber la verdad sobre las imágenes grabadas y encontrar alguna forma de volverse a reunir con él a punta de pistola.

Esferas y Losas de Atuendos.

Antes de continuar, no queda mal recordar qué eran las esferas en el mundo de Final Fantasy X: objetos de la antigüedad que eran capaces de grabar imágenes y sonido (una cámara, vamos) y eran utilizadas para guardar la partida (y subir los parámetros así como aprender habilidades). Ahora bien, resulta que no es su único cometido. Existen otras esferas, algunas impregnadas por los lucilios –almas de donde provienen los monstruos- de sus poseedores. Así se descubren que las vestisferas (vestido/esfera) son capaces de darnos habilidades en la batalla junto a las losas de atuendos. Y estas vestisferas y losas de atuendos están desperdigadas por el mundo junto a las videosferas esperando a ser encontradas por intrépidos cazadores de esferas a lo Indiana Jones, sólo que sin su gracia, ni su talante, ni su látigo, ni con Spielberg tras la cámara.

Y ahora sí, comencemos.


Final Fantasy a Ritmo de Pop a lo Mâho Shôjo.
Una de las novedades más sonadas en esta secuela es ese tufo a “Pop” que huele desde el primer segundo, pues la intro de esta nueva entrega no pudo ser otro que todo un concierto con Yuna como cantante con el tema “Real Emotion”. Una intro muy rítmica pero muy sosa en conjunto para lo que se había estado viendo hasta hora, mostrando de un plumazo el nuevo look que estaba tomando Spira, algo no tan malo si no fuera por el fuerte contraste con la anterior entrega que personalmente me rompe demasiado. Aún así hay que admitir que la música pop es bastante salvable.

Poco después, nos harán una rápida introducción a las vestisferas, cómo estas transforman a las féminas protagonistas al más puro estilo Magical Girl que dan ganas de gritar “¡Por el Poder de Luna!”. No sólo eso, si no te habías enterado antes de jugar, será cuando te vayas dando cuenta de que tus únicos personajes a manejar son: una Yuna pacifista que difunde su amor y paz a tiro limpio, una Riku que pierde delantera pero enseña más chicha, y una chica nueva llamada Paine… sosa, muy sosa, no sabiendo a veces si es moe, gótica o la típica que intenta hacer gracia pero no lo consigue. Personaje que de alguna manera intenta suplir el gran vacío que deja el personaje de Auron (que no Sauron ¿Eh?), pero que a pesar que le metan vinculaciones con la historia a tratar te preguntas si su existencia era relevante salvo por crea un trío.


Por último en este apartado hay que hablar de la evolución en el argumento. Hay que admitir que el argumento tiene bastantes lagunas a la hora de conectar con su predecesora, pudiéndonos volver locos si suplimos esas carencias con teorías que pueden no llegar a nada o ser ciertas. Pero aún así su acierto radica en la idea de los “Sueños” de las invocaciones y sacerdotes de Zanarkand. ¿No pudieron existir referencias reales de las cuales se basarían sus Sueños? Es algo que sólo entenderán aquellos que jugaron con anterioridad el FFX. Por lo demás, sólo se hace el interesante arrancando de una premisa tan simplona como ir en Busca de las Esferas Perdidas a golpes limpios y chascarrillos con el trío protagonista que ni las Ángeles de Charlie y todo ello aderezado con ese tufo a Chicas Mágicas por doquier. Tan simple que incluso tendremos a nuestra banda de Cazaesferas enemigos: los típicos malos IDIOTAS a los que hay que 
derrotar una y otra vez, llegando un punto en que da vergüenza ajena el derrotarlos por su nivel de patetismo.

Cuando creemos que todo será el mismo rollazo padre comenzaremos ver la evolución del relato. Evolución tramposa que parece mejor de lo que es al mostrarte desde el comienzo un bodrio que aburriría al más simplón de los jugadores (como yo) con el tiempo. Tal aparece cuando te das cuenta que Spira parece estar dividiéndose en varias facciones: los que apoyan a Yevon, a los Albhed y a un grupo politico-militar independiente que luchó contra Shin en la anterior entrega bajo las órdenes de El Clero. Todas ellas conectadas entre sí y con un pasado tan tenebroso que resulta ser el mismo que investiga Yuna y sus dos compañeras. Una guerra parece estar a punto de comenzar y habrá que ponerse las pilas, sobre todo cuando los Eones comiencen a resurgir de las profundidades de los Templos.

Tres Cazaesferas para una, y una para Tres.
 
Una de las novedades más sonadas para este Final Fantasy, era la capacidad de tener más de un final distinto según eligieras cómo avanzar la historia, siendo el perfecto el conseguir el 100% de historia. Cuando consigues tal perfección no sólo verás un final del juego distinto, sino también un extra que desearás conseguir (aunque cuando lo consigas te preguntarás si valió la pena). Pero por desgracia esa libertad es muy subjetiva, ya que a veces seguir un camino u otro no sólo te llevará a conseguir un final distinto, sino también a que no te enteres de nada o a medias de todo lo que ha estado pasando. Así que al final te tocará seguir el camino más largo, ya sea a base de intuición, de una guía aunque sea de mercachifle, o cuando acabes el juego sin llegar a ese 100% (o ni al 50%) volver a empezar con todos los objetos y demás cosas logradas la partida; otra novedad que facilita el volver a querer a jugar… o no.

La otra novedad ligada a lo anterior es la realización de misiones a elegir. Dividido el juego en capítulos, por cada capítulo te exige realizar un mínimo de misiones para continuar y algunos extras, los cuales puedes realizar (a priori) cuando quieras, pero tocará hacerlas todas.

La novedad comentada sobre la losa de atuendos y la vestisferas… que os queráis que os diga, pero aunque sea cierto que tener tres personajes para jugar es una mierda, yo me lo pasaba teta transformando a las féminas mientras veía sus siluetas poniéndome más cachondo que un perro rodeado de hembras en celo. Pero la verdad es que al final me acababa cansando. A priori tales transformaciones parecen volverse necesarias, sobre todo si decides hacer misiones para un nivel superior al que tienes, ya que mejoraran las habilidades y parámetros de los personajes, pero una vez las subas bien de nivel (acogiendo el sistema tradicional y abandonando es extraño sistema de tabla de esferas que al final echas en falta) parece una chorrada como un pino que ayuda más a entretenerte en la batalla que otra cosa, pues la estrategia con tales artilugios se diluye.


Otras cositas a groso modo a comentar son: minijuegos que dejan mucho que desear. Hay muchos, algunos obligatorios para ciertas misiones, pero no son nada nuevo y personalmente me aburrían. Entre ellas un blitzball automático que destrozaba uno de los mejores juegos de los Final –he jugado más al Blitz del FFX que a un Fifa-, un juego que recuerda a las Cartas del FFVIII pero que no le llega ni a la suela del zapato, o cazar monstruos a pistoletazo limpio con Yuna siendo más divertido el Duck Hunt de NES. Batallas que basándose en el sistema tradicional se vuelve en tiempo real y bastante rápidas que provocarían las quejas de los puritanos pero que personalmente me parecía lo mejor del juego. Y al final más de un diálogo de “chicas” empalagoso que creo que a las propias tías echarían atrás. Y lo peor: NO HAY INVOCACIONES. Así que ajo y agua. Lo intentan suplir con vetisferas de la “hostia” que son feas y ni tienen punto en comparación con una buena invocación.

Con respecto a gráficos y demás, que os queréis que os diga, pero FFX estaba muy bien y X-2 no trae nada nuevo. Más sorpresa me fue el apartado musical que, aunque la ausencia del maestro Nobue Uematsu se note, en algunos aspectos fuera mucho mejor de lo que esperaba. Y no sólo me refiero a la ya comentada música Pop (como “1000 Words”), sino también a esa intro, una pieza de piano preciosa titulado Kuon - Hikari to nami no kioku- que escucho mientras escribo estas palabras.

A que debo ir finalizando, no podía acabar sin mencionar tal vez lo que para mi sería lo mejor de este FFX-2: su batalla final. Y no es porque sea una gran batalla y su cierre nos deje con el culo torcido, no, no lo es. Es porque personalmente tuve un orgasmo al escuchar las voces de Auron, Jetch y el padre de Yuna apoyando en la batalla. Y eso es una delicia. 

 
 En definitiva®, Final Fantasy X-2 podría a ver sido un juego aceptable tal vez con otra historia, otro mundo y otros personajes, tal vez fuera de la saga Final Fantasy, pero dentro de ella queda muy oculta tras las grandes sombras no sólo de su predecesora directa (FFX), sino también del resto de la saga. 
 
 
(Agradecimientos a Yaone por los Renders).

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