Lo mejor de esta semana

-...Dos carriles de chuletas... ¿lechal, verdad? - No asiente. Sólo me mira con gesto adusto - Vale. Sí. Es lechal, sí. No me cabe ninguna duda. Eeeh... dos quilos de costillas, uno frescas y otro en adobo, dos ristras de chorizo normal, otra de picante, otra de morcilla negra, con arroz, y otra más de morcilla blanca.

    -Dos kilos de panceta, también uno de adobada y otro de fresca - apunta ZombiD, sin perderle de vista. - Y veinticuatro brochetas de pinchos morunos con pimiento y cebolla. 

   -Pues está todo perfecto. ¡Muchísimas gracias! - le sonrío, y el carnicero agacha sus imponentes dos metros para recoger los sacos en los que ha traído el pedido. - Buen finde. - Insisto, y cuando me mira al erguirse de nuevo, una chispa pequeñísima, el átomo de una sonrisa, pasa por sus ojos antes de salir. Aunque aún falte mucho para verano, el tiempo ya se va suavizando y hemos pensado en iniciar la temporada de barbacoas, de modo que hemos hecho un buen pedido en la carnicería. Mientras me ayuda a cargar toda la carne y llevarla al arcón congelador, ZombiD no me mira bien, así que le abrazo con la mano libre y le doy un besito - Celosón. Ya estás imaginándote cosas. 

    -Hum... No me gusta cómo te ha mirado ese tipo. En el momento que una chica es amable, ya todo el mundo se piensa que está de coqueteo.

    -Qué solete eres. - le sonrío sin poder contenerme, porque la verdad que me halaga mucho que piense que todos los hombres del mundo corren tras de mí.  Y aunque es cierto que Mahogany el carnicero lo hizo la semana pasada, fue sólamente porque jugábamos al fútbol y le tocó marcarme. Y vaya si me marcó. Toda la cara de un mazazo que me hizo olvidar hasta las señas de casa, pero hoy vamos a hablar de lo que hacía antes de mudarse aquí. Hoy, en Cine que ya tendrías que haber visto: El tren de la carne de medianoche. 







Decía la humorista gráfica Maitena que hay cosas que son muy difíciles de sacar, entre ellas, la culpa de encima, el celofán de un compact y sobre todo: dinero de tu vocación. De eso precisamente sabe mucho León (Bradley Cooper), que es fotógrafo artístico en Nueva York y no se come un rosco, hasta que su novia le hace saber que ha conseguido que un amigo de ella le presente a una importante marchante que ya ha apadrinado a otros fotógrafos. La marchante le entrevista y le propone que retrate el alma de la ciudad en la que viven. Ni corto ni perezoso, León decide salir de noche para sacar a la luz aquéllo que se esconde de la misma, y esto, que a él le parece una idea magnífica, a mí me hace reflexionar... Las mariposas viven a la luz. Las cucarachas huyen de ella. ¿Cuál de las dos querríais tener en la mano ahora mismo, por favor?

    Bien, el caso es que, en su viaje nocturno por la ciudad, se acerca al Metro y allí ve a unos cuantos chicos intentando atracar a una joven asiática, y los fotografía. Su oportuna intervención al retratarles, evita el atraco y así la joven puede escapar. A punto está de perder el tren, pero alguien solícito le sostiene la puerta desde el interior del vagón y le permite alcanzarlo. León no ve de quién se trata, pero acierta a ver una mano enorme con un anillo muy característico. Al día siguiente, los periódicos hablan de la desaparición de la joven, modelo de profesión. León se da cuenta que no sólo ha sacado un conjunto de fotos muy llamativas que harán las delicias de su marchante, sino que también ha sacado, probablemente, la última foto con vida de la modelo... pero no ha sido él el último en verla. El último, por fuerza hubo de ser el hombre que le sostuvo la puerta. El hombre del Metro. Intrigado, León intentará dar con él. 




A veces, el encanto del cine es dar con algo que sabes exactamente de qué va a ir, y que va a gustarte.
Uno se pone a los Monty Phyton para ver humor surrealista, a Bud Spencer y Terence Hill para ver peleas, y el porno para ver sexo. Cuando una película se titula El tren de la carne de medianoche, ya sabes que, lo que se dice pinta de comedia romántica, no tiene, pero si además ves el nombre de Clive Barker como "basado en un cuento suyo", sabes exactamente qué vas a ver. Sangre, mucha sangre, y más sangre aún; quien dice que Tarantino abusa del tomate, es que no ha visto nada del hombre que trajó al mundo la saga Hellraiser. En lo que se refiere al Tren de la carne, Barker nos trae un cuento corto hecho película, y eso se nota un poco en algunas escenas de relleno que no aportan nada a la trama (y no me refiero a las escenas en rojo), pero añaden metraje a una historia corta de por sí. El cuento del Tren de la carne, es una historia acerca de una obsesión. La de León el fotógrafo. 

El joven fotógrafo es alguien lleno de sueños y bonitos ideales, convencido de que puede mostrar al mundo los errores del mismo y que éste, al verse en el espejo, se reforme y desee ser mejor. La posibilidad de ganar dinero con su arte, desde luego que le atrae, pero no es eso lo que le motiva a salir de la cama. Sólo su novia será la que le anime a ganarse la vida, y a la vez quien más sufra cuando el joven caiga en la obsesión. Llevado por su idealismo, León está convencido de encontrarse frente a un puzzle que sólo él puede resolver, y se lanzará a perseguir al Hombre del Metro, intentando primero hablar con él, y más tarde averiguar qué relación tiene con la desaparición de la modelo. 

La historia juega inteligentemente con el espectador, dejándole ver una parte importante de lo que sucede en el tren, haciéndonos saber el peligro que corre León y dejándonos creer en las posibilidades; y es que un error común en las producciones de terror es el de pensar que podemos predecir lo que va a suceder, o que si nos han dejado ver algo, lo hemos visto ya todo... En este caso, la propia historia nos hace saber que hay algo mucho más gordo de lo que vemos a simple vista, y nuestro interés ya no es sólo por la integridad de León o su novia, sino la satisfacción de nuestra curiosidad.

El tren de la carne sigue una estructura cíclica que en realidad ya conocemos por cuentos o leyendas clásicas como El barquero o El rubí maldito, o hasta la misma mitología del infierno griego. Si recordamos, en el Hades que los griegos clásicos crearon para la expiación eterna de los pecados, el castigo consistía en un trabajo infinito o sin provecho. Epimeteo, que robó el fuego a los dioses, fue condenado a permanecer eternamente atado a una roca, y durante el día, un águila le devoraba los intestinos, pero durante la noche, sanaba por completo, para que al día siguiente el águila volviera a hacerle pasar el mismo tormento. Castigos similares eran subir una roca pesada a una montaña de la cual volvía a caer, o llenar de agua un jarro sin fondo... en suma, trabajos ingratos que no acababan jamás.

El personaje de Mahogany, el hombre del Metro, puede parecer a simple vista plano y rígido. Nada más lejos, y a través de León nos daremos cuenta de qué historia puede llevar detrás. Es su vida actual la que es rígida (aunque plana, no creo que se pueda decir). En él vemos una curiosa dualidad, y es que en un principio puede parecer el villano, la antítesis, pero conforme avanza la producción, vemos que en realidad es el personaje principal (y no digo esto sólo porque la actuación de Cooper, aunque muy buena, no alcanza el carisma del carnicero), y sobre todo, es alguien que sufre. Mientras más avanza la película, más curiosidad nos transmite y también -porqué no- más cariño le tomamos, a pesar (o quizá a causa) del respeto que impone y del miedo que da. Mientras que la historia de León nos ha sido contada con naturalidad y totalmente, puesto que comienza la película como el protegonista, la de Mahogany nos va siendo revelada a porciones y encierra una buena parte de suposición del espectador, de hipótesis... irá haciéndose más y más humano conforme se desarrolla la historia; paralelamente, León, en su obsesión por descubrir la verdad, irá deshumanizándose y pasará de ser el protagonista a ser más bien el conductor de la historia.  A título de curiosidad, Mahogany fue encarnado por Vinnie Jones, quien empezó su carrera como jugador profesional de fútbol, y de hecho pasó a la historia de ese deporte como uno de los jugadores de estilo más violento y duro, y saltó a la fama del cine gracias a un pequeño papel en la británica Lock&Stock (y dos putas armas), a la que más tarde seguirían Snatch: cerdos y diamantes o Los Rompehuesos, junto a Adam Sandler.

Estrenada en 2008, con un presupuesto de 15 millones de dólares y una recaudación de apenas cuatro,
El tren de la carne no fue una buena inversión; su tono oscuro y gore no eran buenos padrinos para las apenas cien salas de cine en las que se estrenó y la escasísima publicidad que se le hizo. No obstante, en su llegada a los formatos domésticos consiguió cifras mucho mejores y el tiempo la está convirtiendo en un título de culto, lo que significa que es la película que nadie verá, pero que todo el mundo presumirá de haber visto. A nivel narrativo, El tren de la carne de medianoche es un cuento. Un cuento tétrico y gore, donde la sangre corre a mansalva y no puedes dar nada por sentado. En la línea de Hellraiser o Candyman, el terror se basa más en las vísceras y en la posibilidad real de que aplasten la cabeza con un mazo, que en el suspense psicológico. Si no estás dispuesto a ver más rojo que en la tomatina, mejor no pierdas el tiempo, pero si te gusta el terror sangriento, te encantará. Cinefiliabilidad 8, lo que significa que es dura, sangrienta y dramática; no se puede ver con niños, es poco probable que guste a tus padres y, salvo que te llames ZombiD, no la veas con tu novia.


"Todo el mundo quiere a Atticus Finch hasta que aparece la puta muerta en el coche" Si no coges ésta frase, tienes que ver más cine.

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