Lo mejor de esta semana

Nada. La verdad, esto de novedoso no tiene nada. Es como sacar una cerilla, prenderla y decir que he inventado el fuego. Esto más bien es una conmemoración a uno de los cómics españoles (tebeo) más conocidos tanto dentro de nuestra frontera como fuera. Sí, se trata de los agentes secretos más incompetentes de nuestra nación: Mortadelo y Filemón. James Bond, tiembla ante nuestra destreza.

Crear una sinopsis de ésta magna obra es algo difícil por la evolución que Mortadelo y Filemón (MyF desde ahora) ha tenido a lo largo del tiempo. Pero actualmente quedaría en las aventuras y desventuras de dos agentes secretos, burricalvos, cabestros, torpes, gafes -podría seguir hasta tener un rollo de papel higiénico con términos-, etc., que trabajan para la TIA. Sus misiones -de lo más variopintas- irán de pillar a cacos, probar extraños artilugios, hacer misiones a quién sabe dónde… ¿he dicho dónde? Pues donde el humor “made in Spain” estará más que presente haciendo que se te salga la vejiga de la risa antes de troncharte del todo.

F. Ibáñez estaba haciendo dibujitos en un trozo de hoja llena de números, cuentas y unidades monetarias en su lugar de trabajo, allá en tiempos lejanos en el Banco Español de Crédito, y de vez en cuando enviando algo a editoriales, hasta que de lleno se metió en la editorial Bruguera sacando pecho -con dos vellos asomando- con sus historietas. Una de ellas, la que me traigo entre manos: Mortadelo y Filemón: Agencia de información; donde el asunto no era una historia de dos agentes secretos, sino que más bien era de unos “detectives” al más puro estilo Sherlock Holmes y el Dr. Watson que iban realizando los servicios contratados a la agencia y que al final, por malentendidos y equivocaciones, las misiones acababan mal y así veíamos a Filemón persiguiendo a Mortadelo para zurrarle, o ambos escondidos en el fin del mundo. 

En esas primeras historias, Filemón solía ir vestido con chaqueta, sombrero y una pipa que no dejaba de soltar humo (por no hablar de su pedazo de napia) y Mortadelo tenía un paraguas que no solía dejar ni para atrás y un bombín del cual sacaba sus disfraces como si del bolsillo de Doraemon se tratase (su napia no ha cambiado). 



Pero por aquellos tiempos lo que se llevaba era ante todo los agentes secretos, y no sólo por el agente 007, sino también por Súper Agente 86 y la obra de un compañero de editorial: Anacleto de Vázquez (mirar el artículo de Dita en el nº 12). Así que nada, Ibáñez comenzó a hacer los cambios y comenzaba -por exigencias de Bruguera- a copiar el estilo de Vázquez. Así, en 1969 -que bonito número- Mortadelo y Filemón se alistaron en la TIA (algo así como la CIA española que significa: Técnicos Investigación Aeroterráquea), donde irían apareciendo nuevos personajes que le daría más vidilla al asunto: el Superintendente Vicente -el jefazo hijo de su madre que tiene hartas dotes de persuasión con los suyos para que participen sí o sí en las misiones-, el profesor Bacterio -todo un excéntrico inventor de cacharros y extraños artilugios que sirven para bien poco y llevan a desgracia segura- o la secretaria Ofelia -la enamoradiza doncella, más burra que un “arao” y con esbelta silueta de ballenata. 

Así es como comienza a publicar historietas largas auto conclusivas que no difieren mucho de la línea argumental de antes, salvo que en un principio salían x páginas de una historia larga publicadas y era normal que la historia se siguiera por distintas fases -como si de pequeños capítulos de la misma historia se tratara- que acababan todas con el mismo escenario habitual de los protagonistas en fuga por una metedura de pata; pero sí comienzan a añadirse cositas más relacionadas a los agentes secretos como gadgets, el zapatófono, entradas secretas de lo más variopintas (desde atravesar un cartel publicitario a meterse dentro de una lata de sardinas)… todo para el bien de nuestra nación.
Los villanos -como Magín el Mago, Tengopis, Chapeau el "Esmirriau", la A.B.U.E.L.A- y los casos (El caso del bacalao) comienzan a ser mucho más trabajados, ideados con mala leche catalana para agrandar la lore de esta España de ficción, incluyendo que con el paso del tiempo cada vez las historias se acercan más a la actualidad de cada época, y las últimas publicaciones actuales se notan un huevo: Las vacas chifladas, Llegó el Euro, El carnet al punto, Por Isis llegó la crisis… Precisamente es el hablar de la actualidad lo que hace que a menudo aparezcan personajes no ficticios como invitados “honoris in causa” como puede ser Aznar, el Papa, Pinochet y un largo etcétera del cual no me voy a ocupar.

El dibujo de Ibáñez es muy distintivo, humorístico -como no-, de trazo simple y limpio que te permite ver cada detalle que le da la gana mostrar, con caras de inspiración franco belga, donde las narices pronunciadas son habituales, además de las calvas (que se note que no tiene complejos con la suya). Pero por si algo destaca cada viñeta es porque es raro no encontrar un guiño, una sátira, como un caracol con reactor, el brazo de un esqueleto asomando en esa caja de indigente, una araña y su telita en una esquina de la viñeta (que no de la pared), un cuadro con una parejita que en la siguiente viñeta se achuchan y morrean, un edificio con sombrero, o dos tipos jugando al tenis entre edificio y edificio… y a veces estos guiños parecen más bien profecías, porque casualidad era que en el 35 Aniversario dibujara de fondo un avión colisionar en una de las Torres Gemelas de Nueva York. Ah, y claro, su caricatura suele aparecer varias veces como un pringaillo más que suele sufrir los actos de sus creaciones. 

Yo sin duda destaco sus portadas, que para mí son como obras de arte. La cosa es sencilla: tratar la portada como una viñeta única cómica que a su vez debe tratar de lo que trate la historia y con la distinción de un dibujo detallado abrumador que sigue los patrones ya explicados. 



Claramente F. Ibáñez es el Dios de este mundo “hispánico tebiense”, pero no puedo despedirme sin dejar claro que hubo manos amigas -y no tanto en los años oscuros de Bruguera- que se ocuparon de algunas de las historias o páginas de MyF. 

Para ir acabando, en 1994 se le entregó a Ibáñez el "Gran Premio del Salón del Cómic" al conjunto de su obra y en el 2002 se le concede la "Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2001" -con dos cascabeles bien puestos-. Y encima MyF tiene éxito en toda Europa, sobre todo en Alemania, lo que nos demuestra el poder del humor (si bien me gustaría saber lo p…. que deben pasarlas algunos traductores para llevar a su campo chistes tradicionales de nuestra habla y región).

Finalizando, que es gerundio: una obra desternillante que hará que hasta en la tumba no pares de retorcerte de la risa, que sus fans más acérrimos esperamos que no se acabe pronto y que quede mucho MyF. Toda una obra magna de la historia del tebeo español que aún hoy perdura, demostrando que el humor es inagotable.


Lo mejor: Risa garantizada.

Lo peor: Te salen agujetas de reír.




Ficha Técnica


Autor: Francisco Ibáñez.

Género: Comedia, pitorreo, tronchante, desternillante, denuesto, cachondeo, etc.


Categoría: Cómic.


Año: 1958(abierta).

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